LO QUE NO SE DICE NI SE VE
Esta mañana hice algo que acostumbro a hacer casi todos los días: revisar varias fuentes de noticias.
Leí The New York Times, Reuters, NPR, CNN, ABC y, esta vez, agregué Al Jazeera.
La experiencia fue extraordinariamente interesante.
Todas hablaban del mismo mundo.
Pero no parecían estar viendo exactamente el mismo mundo.
CNN y ABC concentraban buena parte de su atención en Irán, Donald Trump, el Estrecho de Ormuz, el precio de la gasolina y las consecuencias que la guerra pudiera tener en las elecciones estadounidenses de noviembre.
Reuters observaba principalmente los acontecimientos verificables y sus consecuencias económicas.
Al Jazeera miraba también Irán, pero concedía mucho mayor espacio a las víctimas civiles, Gaza, Cisjordania y a una pregunta particularmente interesante: ¿quién controla realmente el Estrecho de Ormuz?
Ninguna de estas diferencias significa necesariamente que un medio mienta y otro diga la verdad.
Significa algo mucho más sencillo y, desde la Micropolítica, quizá más importante:
antes de decirnos qué debemos pensar sobre algo, alguien decidió sobre qué vamos a pensar.
EL PODER DE SELECCIONAR
Cada día ocurren miles de acontecimientos.
Ningún periódico, cadena de televisión o plataforma digital puede mostrarlos todos.
Alguien tiene que seleccionar.
Y seleccionar significa también excluir.
Lo que aparece frente a nosotros adquiere posibilidades de influir sobre nuestra percepción. Lo que no aparece difícilmente puede competir por nuestra atención.
Ésa es una forma de poder.
No requiere conspiración.
CNN no necesita ponerse de acuerdo con ABC. Reuters no necesita consultar a The New York Times. Cada organización tiene sus propios periodistas, audiencias y criterios de relevancia.
Pero pueden coincidir.
Y cuando lo hacen, ciertos acontecimientos adquieren enorme visibilidad mientras otros prácticamente desaparecen.
Hoy existe además un nuevo intermediario.
La inteligencia artificial.
Cada vez más personas hacemos una pregunta extraordinariamente sencilla:
“¿Qué ocurrió hoy?”
La máquina necesariamente tendrá que seleccionar.
Por eso quizá no baste preguntarle:
“¿Es verdad lo que me dijiste?”
Deberíamos aprender a formular una segunda pregunta:
“¿Qué no me dijiste?”
IRÁN: ¿QUIÉN CONTROLA ORMUZ?
El conflicto entre Estados Unidos e Irán ofrece un ejemplo extraordinario.
Washington afirma que tiene control del Estrecho de Ormuz y que la navegación está aumentando bajo protección estadounidense.
Irán sostiene exactamente lo contrario: que conserva el control y que solamente permite el tránsito de determinadas embarcaciones.
¿Quién tiene razón?
Quizá la pregunta pueda formularse de otra manera.
En Micropolítica, el poder no es solamente aquello que alguien posee. Es una capacidad que existe dentro de una relación y se manifiesta en la conducta de otros.
Por eso, en lugar de escuchar exclusivamente a Washington o Teherán, podemos observar a los barcos.
Los datos disponibles muestran que el tráfico por Ormuz continúa muy por debajo de los niveles normales.
Entonces aparece una pregunta diferente:
¿quién tiene capacidad para modificar la conducta de quienes necesitan atravesar el estrecho?
Estados Unidos posee una superioridad militar abrumadora y puede escoltar embarcaciones.
Pero si navieras, aseguradoras y capitanes modifican sus decisiones porque temen minas o ataques iraníes, Irán conserva también una forma real de poder.
Dos adversarios pueden incluso ejercer simultáneamente formas diferentes de poder sobre el mismo espacio.
Uno protege.
El otro amenaza.
Y quienes necesitan atravesarlo deciden.
Ahí podemos observar el poder funcionando.
CLAUDIA Y UNA LECCIÓN INVOLUNTARIA DE MICROPOLÍTICA
Algo semejante ocurrió esta semana en México.
Después de su Segundo Informe, Claudia Sheinbaum insistió en que dentro de su movimiento no existen divisiones ni rompimientos.
Al día siguiente fue todavía más explícita.
Aseguró que Andrés Manuel López Obrador no interviene en las decisiones de su gobierno y que no le ha hecho una sola llamada para decirle qué hacer.
Pero ocurrió algo todavía más interesante.
El director de la DEA había elogiado públicamente al secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, calificándolo como un socio confiable y amigo de Estados Unidos.
Claudia reaccionó duramente.
Acusó a Estados Unidos de utilizar una vieja táctica: hablar bien de algunos funcionarios y mal de otros para generar divisiones dentro de los gobiernos e incluso influir en procesos electorales.
No necesitamos decidir aquí si Claudia tiene razón acerca de las intenciones estadounidenses.
Para la Micropolítica hay algo anterior mucho más interesante.
La propia presidenta reconoció el poder de las señales.
Elogiar públicamente a uno y no a otro puede modificar percepciones.
Criticar a uno mientras se distingue a otro también.
Los actores observan quién es recibido, quién es mencionado, quién es consultado, quién es protegido y quién deja de serlo.
Después reaccionan.
Eso ocurre en Palacio Nacional.
Pero también en una universidad, una empresa, un sindicato o una familia.
LO QUE NO OCURRE TAMBIÉN INFORMA
Aquí debemos tener cuidado.
No todo silencio significa algo.
No toda ausencia constituye una conspiración.
Si alguien no menciona mi nombre puede simplemente haberlo olvidado.
Para que una ausencia adquiera significado debe existir primero alguna razón para esperar que aquello ocurriera.
Si durante años una persona ha sido defendida por alguien poderoso y, frente a una crisis, esa defensa súbitamente no aparece, tenemos información.
No tenemos todavía una prueba.
Tenemos un indicio.
Ésa es una distinción fundamental.
Podríamos expresarlo de manera sencilla:
EXPECTATIVA + OMISIÓN + CONTEXTO + REPETICIÓN = INDICIO
No es una ecuación científica.
Es una herramienta para pensar.
Y exige algo que frecuentemente olvidamos: estar dispuestos a abandonar nuestra interpretación cuando aparezcan nuevos hechos.
Lo que ocurra mañana puede confirmar nuestra hipótesis de hoy.
O destruirla.
MIRAR EL PODER DE OTRA MANERA
Quizá ésta sea una de las contribuciones más útiles de la Micropolítica.
Cuando observamos relaciones de poder tendemos a concentrarnos en declaraciones, nombramientos, órdenes, amenazas y decisiones.
Son importantes.
Pero el poder deja también otras huellas.
Quién habló.
Quién fue mencionado.
Quién desapareció.
Quién recibió respaldo.
Quién dejó de recibirlo.
Y, sobre todo, qué hicieron los demás después.
Esta mañana Estados Unidos e Irán podían discutir quién controla el Estrecho de Ormuz.
Los barcos estaban proporcionando otra información.
Claudia podía denunciar que Estados Unidos intenta dividir a su gobierno elogiando a unos funcionarios y criticando a otros.
Su propia reacción mostraba que comprende perfectamente que las señales modifican relaciones de poder.
Y seis fuentes informativas podían relatarnos el mismo día de maneras diferentes.
Lo que cada una decidió incluir nos informó.
Lo que dejó fuera, también.
Por eso, cuando mañana abramos el periódico, escuchemos un discurso o preguntemos a una inteligencia artificial qué ocurrió en el mundo, quizá convenga agregar una pregunta:
¿Qué esperaba encontrar y no encontré?
Porque algunas veces el poder habla.
Pero otras veces debemos buscarlo precisamente en lo que no se dijo, lo que no ocurrió y en la conducta de quienes sí escucharon el mensaje.
Alfredo Cuéllar
Alfredo Cuéllar es profesor universitario retirado y autor de Micropolítica: El poder invisible en la vida cotidiana de las organizaciones.
Para la elaboración de este artículo utilicé inteligencia artificial como herramienta de investigación, contraste de información, discusión de ideas y apoyo editorial. Las ideas, interpretaciones y conclusiones son responsabilidad del autor.
