Morena en Nuevo León: la unidad que se rompe antes de la encuesta
La salida del diputado Rodrigo Montemayor de la bancada de Morena, con el argumento de haber recibido presiones políticas para definir el sentido de sus votos, no puede analizarse como un hecho aislado. Llega en el peor momento para el partido: cuando intenta vender hacia afuera una imagen de unidad mientras hacia adentro comienzan a aparecer fisuras cada vez más evidentes.
Montemayor decidió declararse independiente y acusó presiones relacionadas con su actuación legislativa. Su decisión agrega un ingrediente incómodo a un partido que pretende convertirse en la principal fuerza rumbo a la gubernatura de Nuevo León en 2027.
Pero el verdadero foco rojo está en otra parte.
La disputa por la Coordinación Estatal de Defensa de la 4T ya dividió a los aspirantes en dos bloques. Andrés Mijes, Judith Díaz y Tatiana Clouthier cuestionaron la conducción del proceso, acusaron falta de imparcialidad y advirtieron sobre una posible intervención externa. Del otro lado, Felipe de Jesús Cantú y Waldo Fernández han defendido las reglas y la transparencia del procedimiento, mientras Clara Luz Flores ha mantenido una posición más discreta.

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El problema es que una encuesta no resuelve por sí misma una crisis política. La encuesta solamente determina un ganador; la verdadera prueba será saber qué harán los perdedores.
Morena insiste en que todos deberán cerrar filas en torno al resultado. Pero cuando tres aspirantes hablan de “dados cargados” y de una imparcialidad rota, la pregunta inevitable es: ¿aceptarán el resultado si no favorece a quien consideran legítimo?
Y aquí aparece una contradicción de fondo. Morena llegó a Nuevo León prometiendo transformar las viejas prácticas políticas, pero comienza a reproducir una de las enfermedades históricas de los partidos mexicanos: las disputas por el control, las acusaciones de favoritismo y la sospecha de que las decisiones importantes se toman antes de que las urnas —o las encuestas— hablen.
La salida de Montemayor y la división entre los aspirantes tienen un elemento común: la falta de confianza en las reglas internas.
Para Morena, Nuevo León puede convertirse en una prueba de madurez política. Si logra procesar las diferencias, garantizar imparcialidad y conseguir que todos acepten democráticamente al ganador, llegará fortalecido a 2027.
Pero si la encuesta termina siendo solamente el mecanismo formal para confirmar una decisión previamente tomada, las consecuencias pueden ser mayores que una simple rebelión interna.
Porque en política, cuando la unidad necesita ser proclamada todos los días, quizá sea porque ya comenzó a dejar de existir.
Irá viniendo, iremos viendo en los próximos días como le va al diputado, ahora independiente, Montemayor, una vez se defina quien es el o la coordinadora de la 4T en NL, a ver si no recula o confirma que su decisión fue correcta.
