El cuento de los chimpancés juguetones
Juan Villoro relata que en una universidad extranjera hicieron el siguiente experimento: en una jaula encerraron a unos chimpancés y les aventaron un balón. Después de andar jugueteando con él sin orden ni concierto, sin ton ni son, terminaron formando dos grupos y jugando futbol soccer.
El escritor mexicano Juan Villoro, aficionado en grado extremo al futbol soccer, publicó en 2006 un libro sobre este deporte. Decidió darle como título Dios es redondo.
A lo largo de dos décadas, este libro ha tenido varias ediciones, reimpresiones y hasta diversas presentaciones: en pasta dura, en pasta blanda y hasta de bolsillo, en cuanto a su modalidad impresa. También ha estado disponible tanto en edición digital como en formato de audiolibro. Ha sido, sin duda, en estos últimos veinte años, un libro muy vendido. Santo y bueno, según se suele decir.
En febrero del presente año, seguramente con motivo del Mundial que recién terminó, el autor lanzó una nueva edición que ha llamado “definitiva”. Que nadie se sorprenda si para el próximo Mundial saca otra, que conforme a ese criterio tendrá que ser una “edición posdefinitiva”.
En la especie de prólogo, fechado por cierto en Berna, Suiza, el 4 de noviembre de 2025, el autor escribe que con esta nueva edición “no pretende suspender el paso del tiempo; lo único que he querido hacer —dice— es modificar algunas cosas para ajustarme un poco a la mirada contemporánea”. Bien por la aclaración.
En el que viene siendo el prólogo de su libro, que no llama prólogo sino “Calentamiento”, quizá para dar a entender que se trata de un texto previo al inicio en sí de un partido de soccer, como si fuera el estiramiento de músculos mediante ejercicios ligeros que precede al juego, el autor da cuenta al lector de que el título lo tomó de una columna que escribió durante el Mundial de Francia 98 para el diario La Jornada. Dice que la frase “Dios es redondo” le atrajo porque “viene del cristianismo neoplatónico, convencido (además) de que la esfera explica el sentido de perfección del Creador. También alude —afirma Villoro— a los componentes religiosos del juego y a la tribu que convierte los goles en artículos de fe”.
Una primera observación, quizá no menor: no es exactamente lo mismo redondo que esférico. En el primer caso se trata de algo más bien plano, y en el segundo de una cosa necesariamente de tres dimensiones. Pero si el autor considera que son lo mismo, no hay problema. La cuestión está en que da a entender que esa esfera, con la que se anotan los goles que la tribu convierte en “artículos de fe”, alcanza la naturaleza divina porque se trata del soccer. Con este razonamiento, tan poético como absurdo, el título del libro debió ser “Dios es esférico”, pero en alusión a la esfera con la que se juega el futbol.
Todos los deportes, o casi todos los deportes, tienen como principal instrumento para su práctica un objeto de forma esférica. Sin esta esfera sería imposible su práctica. Se le conoce con el nombre de bola, pelota, balón o vocablos similares. Se encuentran como parte fundamental del basquetbol, del voleibol, el hockey, el polo, el beisbol, el golf, el soccer y hasta en el billar. Tal vez la única excepción lo sea el futbol americano, que, aunque también se juega con un balón, éste tiene forma más ovoide que esférica.
Pues bien, con una disculpa que se pide al lector por el anterior y extenso proemio, pero el tema de este artículo no es sobre lo arriba escrito, sino otro. Resulta que hace alrededor de veinte años, un amigo muy estimado me obsequió un ejemplar del libro de Villoro que aquí se comenta. Recuerdo haberle dado una muy rápida lectura y que me llamó poderosamente la atención un pasaje. Precisamente sobre ese pasaje pensé escribir un texto y publicarlo en cuanto terminara la locura del Mundial. Pero sucedió que busqué y rebusqué ese libro y fue imposible encontrarlo. Ni idea tengo de dónde pudo haber quedado. Fui a la librería a adquirir un ejemplar, que resultó ser de la “edición definitiva” y, para mi sorpresa, esta edición no incluye ya tal pasaje, que en realidad es un cuentecillo. Regresé a la librería y pregunté por la edición de bolsillo, la revisé y encontré que tampoco lo incluye.
En apretadísima síntesis, hasta donde recuerdo ese cuento, que parece más bien una broma que algo realmente serio, Villoro relata que en una universidad extranjera hicieron el siguiente experimento: en una jaula encerraron a unos chimpancés y les aventaron un balón. Después de andar jugueteando con él sin orden ni concierto, sin ton ni son, terminaron formando dos grupos y jugando futbol soccer. Se da como explicación que fue el instinto genial de los simios el que creó esta disciplina deportiva, que se pretende presentar como de carácter superior. Más bien parece exactamente lo contrario, que es tan elemental, tan primitiva que hasta unos seres irracionales fueron capaces de inventarla.
El hecho es que este cuentecillo de los simios que supuestamente inventaron el futbol quedó suprimido en la “edición definitiva” del libro de Villoro, sin que el autor explique por qué o cómo es que con esta eliminación del cuentecillo los temas que aborda se ajustan “un poco a la mirada contemporánea”.
