Zacatecas: cuando el crimen decide quién vive y el Estado llega después

0

La ejecución de diez personas en Zacatecas no es únicamente una nota roja; es el retrato de un Estado que sigue perdiendo terreno frente al crimen organizado. Empresarios, agricultores, comerciantes, un exalcalde y exfuncionarios fueron secuestrados durante varios días, asesinados y sus cuerpos exhibidos en distintos puntos del estado como un mensaje de terror.

No se trató de un hecho fortuito. Todo indica que fue una operación cuidadosamente planeada. Sin embargo, el verdadero desafío comienza ahora: identificar a los responsables y demostrarlo ante los tribunales. Hasta el momento no hay detenidos ni una versión oficial que esclarezca el móvil del crimen.

La Fiscalía mantiene abiertas diversas líneas de investigación, entre ellas la extorsión y la disputa entre organizaciones criminales. También circula un video atribuido a una facción del Cártel de Sinaloa que pretende adjudicarse la masacre, pero su autenticidad no ha sido confirmada por las autoridades. En un Estado de derecho, las investigaciones deben sustentarse en pruebas, no en videos difundidos por grupos criminales.

La respuesta gubernamental fue el despliegue de cientos de elementos del Ejército, la Guardia Nacional y corporaciones estatales. La pregunta es inevitable: ¿por qué las fuerzas de seguridad siempre aparecen después de la tragedia y no antes para prevenirla?

El impacto de esta masacre va mucho más allá de las diez vidas arrebatadas. Cuando quienes producen, invierten y generan empleos se convierten en blanco del crimen organizado, el mensaje para el resto de la sociedad es devastador: nadie está a salvo. La violencia expulsa inversiones, paraliza actividades productivas y siembra miedo entre quienes sostienen la economía regional.

Zacatecas lleva años figurando entre los estados más golpeados por la violencia. Cada nuevo operativo promete recuperar la paz, pero los hechos demuestran que la estrategia sigue siendo insuficiente. Mientras el crimen conserva capacidad para secuestrar, ejecutar y exhibir a sus víctimas con absoluta impunidad, el Estado continúa reaccionando en lugar de anticiparse.

Hoy la exigencia no es únicamente capturar a los autores materiales. La sociedad merece conocer quién ordenó esta masacre, cuál fue el verdadero móvil y por qué las instituciones no lograron impedir un crimen de tal magnitud.

Porque cuando el miedo sustituye al Estado, la delincuencia deja de desafiar al gobierno: comienza a gobernar territorios enteros.

About The Author

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *