Vivimos el tiempo de las marcas. Abundan manufacturas de alta calidad que por no traer una etiqueta famosa valen la mitad de las que sí la traen, aún de menor calidad. Hay muchos presumidos que prefieren vestir una prenda con una enorme etiqueta anunciando su marca –si es cara- a una prenda de alta calidad pero discreta. Se dice que comenzó en Estados Unidos, con la marca Delmonico’s, apellido de una familia suiza que migró a Estados Unidos, y construyó el prestigio de un restaurante.

John y Peter Delmonico inauguraron en 1837 su primer restaurante en NY. Al entrar, el cliente era recibido por dos columnas de mármol supuestamente importadas de Pompeya. La carta estaba escrita en inglés y en francés; el mobiliario era europeo, el edificio tenía dos pisos públicos y un tercero para reuniones privadas. Entre otras cosas, la carta era espectacular, con platillos novedosos y exquisitos. Su chef estrella se llamaba Charles Ranhofer, a quien se le atribuye la primera hamburguesa norteamericana, todo un lujo en ese momento. Introdujo en ciertos platillos el exótico aguacate mexicano y las “patatas Sarah”, en honor a la actriz Sarah Bernhardt; la langosta “Duke Alexis” en honor al aristócrata ruso de ese nombre; la “ensalada a la Dumas” por el escritor Alexandre Dumas; la ternera a “La Dickens” en honor al novelista Charles Dickens; y otros platillos bautizados con los nombres de las grandes personalidades de moda. Esa costumbre invadió los centros de reunión, alimento y bebida en el mundo occidental. Y llegó a tanto la fama de este restaurante, que cuando George Mortimer Pullman (1831 – 1897) fundó la lujosísima línea de trenes que aún llevan su apellido, para enviar un mensaje de elegancia a su clientela, bautizó a sus vagones restaurantes con el nombre de Delmonico’s, acción que sirvió tanto a los trenes Pullman como al mismo restaurante para seguir prestigiándose. El fondo del tema es que cuando se construye un prestigio se puede vender, como si se tratara de un artículo tangible, que es la base de las franquicias. Y lo extraordinario es que muchos lo compramos cuando elegimos un artículo de marca famosa, sin revisar a fondo las especificaciones, ni compararlo con otros de nombre discreto.

About The Author

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *