Generación Z; la última oportunidad para reinventar a México: Armando de la Fuente
Basado en un análisis de Armando de la Fuente.
Cada generación ha enfrentado su propio desafío histórico. A la Generación Z, integrada por quienes nacieron entre 1997 y 2012, le ha correspondido crecer en un México marcado por la violencia, la incertidumbre económica, la revolución tecnológica y una profunda polarización política. Paradójicamente, también posee las herramientas para cambiar esa realidad.
Son los primeros mexicanos verdaderamente nativos digitales. No conciben un mundo sin internet, inteligencia artificial o redes sociales. Pero reducirlos a jóvenes obsesionados con la tecnología sería un error. También son una generación que valora la salud mental, la diversidad, el emprendimiento y la participación social.
La política tradicional difícilmente logra conectar con ellos. No porque hayan perdido el interés en los asuntos públicos, sino porque desconfían de las estructuras cerradas, de los liderazgos personalistas y de los discursos que no se traducen en resultados. Exigen transparencia, autenticidad y soluciones medibles.
Su mayor fortaleza puede convertirse también en su principal riesgo. La velocidad del entorno digital favorece respuestas inmediatas, pero los grandes cambios nacionales requieren paciencia, acuerdos y trabajo constante. El reto será convertir la indignación de las redes sociales en participación ciudadana organizada.
México necesita una nueva relación entre generaciones. Los adultos mayores poseen la experiencia, la memoria histórica y el sentido institucional; los jóvenes aportan innovación, creatividad y dominio tecnológico. No se trata de sustituir una visión por otra, sino de construir una alianza donde ambos aprendan mutuamente.
La llamada «mentoría recíproca» puede ser el puente que permita combinar la prudencia con la innovación. Mientras los mayores transmiten valores, contexto y ética, los jóvenes pueden enseñar nuevas formas de resolver problemas mediante herramientas digitales y pensamiento colaborativo.
La Generación Z no resolverá por sí sola los problemas del país. Tampoco debe cargar con esa responsabilidad. Pero sí puede romper inercias que durante décadas han limitado el desarrollo nacional. Su capacidad para emprender, fiscalizar al poder, impulsar la innovación y fortalecer la sociedad civil puede marcar un antes y un después.
El verdadero desafío consiste en evitar que su talento termine alejándose de México por falta de oportunidades o desencanto con las instituciones. Si el país es capaz de abrir espacios para su creatividad, escuchar sus propuestas e incorporar su visión en la toma de decisiones, estaremos frente a una transformación histórica.
La pregunta ya no es si la Generación Z cambiará a México. La verdadera incógnita es si México estará dispuesto a cambiar para aprovechar el enorme potencial de su generación más preparada, conectada y crítica.
