La relación Estados Unidos-México en declive
Tiene un discurso de colaboración restringida hacia afuera, y un discurso anti intervencionista hacia adentro. La 4T, y Sheinbaum
El gobierno de la 4T interpreta que la política del gobierno de Trump hacia México está pensada únicamente en función de las elecciones intermedias de noviembre.
Según su visión, todo es electoral. Consecuentemente, concluye que terminadas las elecciones, y con una buena paliza al partido de Trump, las condiciones políticas entre los dos países cambiarán para México.
Esa lógica lleva a Palacio Nacional a aplicar una política de resistencia activa frente a Washington. Ignora las iniciativas del gobierno estadounidense, como se expresa con la negativa a la entrega del ex gobernador Rocha y sus secuaces a la justicia estadounidense. No quiere provocar a Trump, pero tampoco ceder a sus exigencias.
Tiene una discurso de colaboración restringida hacia afuera, y un discurso anti intervencionista hacia adentro. La 4T, y Sheinbaum, trasladan el pensamiento electoral que atribuyen a Trump a su propia situación interna, interpretando las acciones de Washington en términos de sus posibles impactos en las elecciones mexicanas del 2027. Y no les gusta lo que ven.
El impacto electoral que ha tenido Trump en Chile, Argentina, Colombia, Ecuador, Honduras y Perú, y posiblemente en Brasil próximamente, hace que la 4T, Morena, Sheinbaum y AMLO se inquieten. Si estuvieran confiados en el apoyo ideológico y político de sus bases sociales, no tendrían por qué inquietarse.
Pero sí están alarmados, lo que revela su falta de certeza de que su sistema de apoyos a través de los programas sociales se traducirá en una lluvia de votos. Esa inseguridad se expresa en la campaña masiva en medios de comunicación que se atestigua hoy, pretendiendo recordar a la gente que los apoyos se reparten porque “el amor con amor se paga”. ¿Entendido?
Cuando el Tesoro estadounidense plantea que el huachicol está directamente relacionado a la compra de elecciones y el control sobre funcionarios para los propósitos de los cárteles, Palacio Nacional enfurece, pero no corrige. Sabe de la corrupción, pero rechaza la asociación con el crimen organizado.
En estos tiempos y con estas acciones, es patente el error de suponer que las acciones de Washington se agoten después de las elecciones de noviembre. Es probable que Trump sufra un revés electoral fuerte en noviembre. Pero no implica que cambiará su política hacia México, necesariamente.
La razón es clara. Estados Unidos considera que el gobierno mexicano está estratégicamente aliado a los cárteles, tanto Sinaloa como el CJNG. Y lo ve así porque ya ha captado que, ante sus preparativos para las elecciones del próximo año, Morena está contemplando postular candidaturas cómodas para los intereses del narcotráfico. Y Trump considera que esa relación estratégica es un peligro existencial para la seguridad nacional de su país.
Washington no quiere que Sheinbaum deje de ser la presidente, pero quiere liquidar el peligro representado por Morena como un partido narcoterrorista. Cuando decide declarar a Morena jurídicamente un narco partido, será la señal nítida de que Washington está decidido a destruir a ese partido y a sus líderes más importantes, y arrebatarle el poder a ese instrumento de control político.
Si quiere mantenerse en el poder, Sheinbaum tendrá que gobernar el país bajo otra fórmula de gobernanza, con otras fuerzas, muchas de las cuales hoy están en la oposición.
El congelamiento del T-MEC es otra señal que debe leerse políticamente. Curiosamente el ala de izquierdas dentro del partido demócrata está de acuerdo con Trump en congelar el tratado. Quieren negociar otra serie de condiciones para imponer a México más mecanismos de defensa de los trabajadores y plantea condicionamientos en materia de derechos humanos. Esos puntos no son del interés de Trump, pero hay una coincidencia entre MAGA y la izquierda demócrata al cuestionar a fondo al T-MEC.
El hecho de congelar al T-MEC en esta precisa coyuntura contiene un mensaje hostil hacia México.
En primer lugar, y a pesar de que Palacio Nacional alegue lo contrario, sí va a afectar a México de forma negativa por la reducción o contención de inversión interna y externa. Confirma la existencia de una crisis de confianza y de confiabilidad hacia México.
En segundo lugar, el mensaje es reiterativo: cambien su sistema judicial o no habrá cooperación. México no respeta el acuerdo sobre extradiciones que ha firmado y ratificado. Ha desnaturalizado la independencia judicial.
Y, en tercer lugar, si no existe cooperación en materia de seguridad, la situación económica se tornará más difícil. La cooperación en materia de seguridad esencialmente implica romper el cordón umbilical con el narcotráfico. El mensaje es que la corrupción está ligada al crimen organizado y a la inseguridad.
Demócratas y republicanos tienden a compartir su visión sobre la situación en México. Pensar que los demócratas vendrán a nuestro rescate refleja un profundo desconocimiento de los procesos políticos en ese país. Ese desconocimiento le permite a Palacio Nacional concluir que nada más es cosa de aguantar heroicamente hasta noviembre, y la cordura se impondrá de nueva cuenta. Washington volverá a ser lo que era antes. ¿Y qué era antes?
Recientemente se ha recibido un recordatorio de cómo gobiernan los demócratas. En estos días circulan en redes sociales imágenes de la aeronave que se utilizó para secuestrar al Mayo Zambada y llevarlo a juicio en Estados Unidos. El avión está expuesto públicamente, como una pieza de museo, con todo y la comida chatarra que al parecer compraron en una OXXO antes del secuestro. Ese operativo del gobierno de Estados Unidos fue planificado y operado por el gobierno demócrata de Biden.
Al parecer Palacio Nacional se guía políticamente por los mensajes de Palenque. ¿Qué dice Palenque? “Qué regrese Trump el bueno”. “Este no nos gusta porque está guiado por gente mala”. Hay que decirlo: no hay un Trump bueno. Simplemente hay Trump.
La política de Trump hacia América Latina parte de su concepción de seguridad nacional. Piensa en la seguridad desde Canadá y Groenlandia hasta la Antártida.
México es la frontera por donde se infiltran todos los indeseables. Por supuesto que quiere un gobierno mexicano afín al suyo, no uno antagónico. No pide que tenga la misma ideología, pero no puede ser aliado estratégico de todos los adversarios de Estados Unidos: cárteles de narcotráfico, Cuba, Rusia, China.
Este choque abre el espectro de más indictments judiciales agresivos y acciones punitivas puntuales. Todo será público, para impactar en la conciencia de los mexicanos. Eso es lo que más temen AMLO, Sheinbaum y Morena. Temen perder su control sobre los secretos.
Y sí, Trump quiere que haya un gobierno en México que combata al narcotráfico, porque así conviene a sus intereses. Como Morena quiere un gobierno amigo en Estados Unidos y que no los presione en demasía. Quiere un “Trump bueno”.
En este escenario, lo más probable es que, terminada la Copa Mundial, habrá un reinicio de las hostilidades. Septiembre y octubre prometen ser meses de visualizaciones y acusaciones constantes y presiones de toda índole. Antes de noviembre, sí, pero también para allanar el camino al 2027.
POR RICARDO PASCOE PIERCE
COLABORADOR
ricardopascoe@hotmail.com
@rpascoep
