Fenómeno creciente a atender: la soledad de ancianos

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Uno de los aspectos más destacados de los tiempos actuales, en especial desde el pasado siglo XX, es un aumento notable de la longevidad humana. Gracias a mejores niveles de vida, mejor alimentación y cuidados de la salud, reducción de la mortalidad infantil, la esperanza de vida ha aumentado considerablemente y quizás a menor ritmo recientemente, pero se espera que continúe creciendo. Para el año 1900 se estimaba mundialmente en 32 años, y para 2023 en 73 años. Y este fenómeno social tiene consecuencias diversas.

Este aumento de la esperanza de vida ha tenido diversos efectos, como el aumento de vida productiva, el crecimiento de la población pero con un decrecimiento de los nacimientos sobre la mortalidad. Hay más personas en edad productiva y más que nunca en la llamada tercera edad. Y con tasas de natalidad muy bajas, muchas personas ahora jóvenes y en la llamada edad productiva se van a convertir en ancianos con sus respectivas necesidades de vida y compañía.

Esto ha creado para la sociedad, y en particular para los gobiernos, la necesidad de mucho mayores esfuerzos y recursos para atender problemas como los servicios de salud, ya que las personas mayores sufren más padecimientos y que la forma de vida moderna ha provocado una creciente incidencia de cáncer o la diabetes, enfermedades degenerativas y otras que apenas hace unos decenios no se veían como problemas graves a nivel general. Otra complicación del aumento de personas mayores es el de generar o recibir ingresos que les permitan cubrir todas sus necesidades, en especial de alimentación y salud.

LA SOLEDAD
Hasta aquí los problemas en general, pero otro cada vez más preocupante es el de la soledad de esas personas, en especial de los ancianos con diversas necesidades mal atendidas o hasta desatendidas. ¿Qué está pasando?

Que las familias que hace tiempo eran muy unidas y convivían generacionalmente, se han ido distanciando. El concepto de familia se ha ido reduciendo a una pareja y los hijos que lleguen a tener, por cierto cada vez menos. Cuando la integración de la familia incluía sin pensarlo, simplemente dado como hecho de que los jóvenes y adultos tenían en casa a sus padres o como vecinos inmediatos, la vida doméstica era gregaria.

Pero esta visión de vida se ha perdido, y los hijos que deciden “hacer su vida” sea como solteros independientes o como parejas casadas o por simple convivencia se han ido alejando de sus padres. No siempre hay descuido social de los padres mayores y ancianos pero sí son cada vez más los que quedan en soledad, individualmente o en pareja matrimonial.

Para un matrimonio mayor que vive en soledad respecto a su prole, la pérdida del cónyuge es terrible. Si convivir como pareja en soledad ya era grave, la soledad absoluta es la peor en general.

La soledad de los mayores y ancianos ya es un tema de dominio mundial y muy preocupante para los estudiosos y para las personas y organizaciones que están al tanto del problema y hasta se ocupan de él. Cuando mis padres se casaron, mi papá decidió traer a vivir con ellos a nuestra abuela materna, viuda y solitaria, y ella atendió a la familia hasta su muerte en el hogar.

USO DEL TIEMPO
La soledad de la persona o parejas mayores lleva de la mano un problema que se llama uso del tiempo. No tener actividades más que las de atender una casa, alimentarse y cuidar la salud es algo muy estudiado, pero poco atendido por las sociedades más prósperas del mundo. Por supuesto que hay adultos mayores y hasta muy ancianos que saben ocupar su tiempo en asuntos de su interés, y no les molesta la soledad. El problema es para los inactivos.

Tenemos en el mundo de los países más “desarrollados” millones de personas que no tienen en qué ocupar su tiempo en actividades que les mantengan el interés de vivir. Largas horas de inactividad y de total o casi total soledad producen serios problemas de depresión, y de allí otros problemas de salud, tanto física como mental. Sentarse frente a una televisión es el pasatiempo más recurrido por los solitarios mayores. Pensar en salir a pasear o de compras como su excusa no satisface y se abandona cada vez más.

El hogar se convierte en una cárcel de soledad, depresión y tristeza, de sentimiento de abandono. Las historias de muy tristes vivencias de soledad que se publican en medios y redes sociales son cada vez más. Son historias de tristeza, de amargura, de falta de sentido de la vida. Eso en especial para quienes no han estado cerca de Dios, les falta ese consuelo que da la relación con el Señor.

Es necesario que la sociedad, sobre todo quienes viven en la llamada edad productiva tomen cartas en el asunto y atiendan a los padres solitarios. Y la principal ayuda que pueden darles es lo que más se regatea: tiempo de acompañamiento, y no solo por Internet o celular, algo que también cuenta a favor, claro, sino con presencia. Lo ideal es que esas personas jóvenes y de mediana edad vuelvan a hacer hogar con sus padres, que convivan con ellos y no se conformen con visitarlos digamos una vez a la semana y preguntarles qué necesitan.

LA CASA DE RETIRO
Para muchos adultos la solución de la soledad paterna es simple, y la verdad en mucho es real, y es la de llevar a los padres solitarios a instituciones llamadas casas de retiro o asilos. Pero eso es asunto de mucha atención, pues para empezar tiene que ver con la voluntad de ellos, pues muchas veces se les lleva en contra de sus deseos. Y si esos padres mayores y ancianos de pronto conviven muy a gusto con otras personas de sus mismos rangos de edad e intereses quizás comunes, eso no significa lavarse las manos y decir “ya cumplí con mamá y papá”. Se requiere la visita tan frecuente como sea posible. Una cosa es la soledad en sí y otra es el cariño vivido o no de los hijos y nietos.

APORTANDO SABIDURÍA
Los padres mayores y ancianos pueden aportar mucho a las familias de sus hijos, ya no digamos en labores propios de la casa, sino en la sabiduría que dan los años, y que ayuda a los hijos a entender mejor la vida y lo que pasa en el mundo, como al cuidado y educación sabia de los nietos.

Las aportaciones de esos “viejos” a las familias superan en mucho las atenciones que requieren, como la tan famosa cocina y las recetas de la abuela. El cariño que un niño recibe de sus abuelos es insustituible, por eso los niños que están cerca de sus abuelos son más felices. Para muchos pequeños, tener cerca a sus abuelos es cuestión de alegría y hasta de orgullo. La obligación bíblica de “honrar” a los padres es esencialmente atenderlos, no abandonarlos, cuidarlos, tener gratitud en hechos, en acciones y recibir la oferta divina de una larga vida.

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