Nos aproximamos a la hora de la verdad»: Gustavo A Vicencio
“Cuando llega un momento decisivo, tú defines el momento,
o el momento te define a ti”
Kevin Costner
No cabe duda de que las elecciones del 2027 ya están presentes desde hoy. El reciente encontronazo entre el oficialismo y la oposición por el caso Chihuahua es ejemplo de esa visión. Morena acusa a la gobernadora Maru Campos de “traición a la patria” por la presunta participación de agencias estadounidenses en operativos contra el narcotráfico. La oposición, a su vez, denuncia que el gobierno federal protege y encubre a políticos vinculados con el crimen organizado. El conflicto va mucho más allá de un debate jurídico o diplomático. Lo que realmente está en juego es el control de la narrativa rumbo al proceso electoral. Está llegando la hora de las definiciones.
El oficialismo busca instalar la idea de que la oposición “entrega la soberanía” al permitir colaboración con Estados Unidos. Morena intenta revivir el discurso nacionalista y convertir a Chihuahua en ejemplo de una supuesta subordinación extranjera. Bajo esa lógica, cualquier cooperación internacional en temas de seguridad puede ser presentada como una amenaza contra la patria. Sin embargo, el discurso muestra profundas contradicciones, ya que el gobierno federal acusa de “traidores” a quienes colaboran con autoridades extranjeras para combatir al crimen, mientras minimiza o desacredita las denuncias internacionales sobre presuntos vínculos entre actores oficialistas y el narcotráfico. El mensaje resulta preocupante: es más grave combatir a los cárteles con apoyo internacional que cogobernar con protección criminal.
El morenismo ha escalado un nivel más en este tema con la presentación de su reforma electoral, donde busca establecer como causa de nulidad de una elección cualquier “indicio” de intervención extranjera a favor o en contra de un partido político. La medida se presenta hipócritamente como defensa de la soberanía nacional, pero en realidad abre una puerta peligrosísima para el control político y la manipulación electoral. El concepto de “intervención extranjera” puede ser tan ambiguo que bastaría una declaración de un funcionario, un reportaje internacional o una investigación periodística incómoda para intentar desacreditar resultados electorales. En otras palabras, Morena busca convertir cualquier crítica internacional en un argumento para judicializar elecciones adversas.
Sin embargo, el problema real que sufrimos todos los días no fue incluido en la iniciativa presidencial. La oposición propuso que también se incorporara como causa de nulidad de una elección el hecho de que un partido político hubiera recibido apoyo o financiamiento del crimen organizado. Esa propuesta, claro está, no fue admitida. Que al cabo tienen los votos para aprobarla como ellos quieran. Y ahí queda expuesta la enorme contradicción del régimen. Porque mientras el oficialismo pretende endurecer sanciones contra la supuesta intervención extranjera, evita colocar en el centro del debate la infiltración criminal en las campañas y estructuras políticas. México corre el riesgo de entrar a una etapa donde el gobierno controle no solamente las instituciones electorales, sino también la narrativa sobre qué información puede considerarse válida y cuál puede ser etiquetada como “injerencia extranjera”. Todo esto ocurre en un contexto donde múltiples investigaciones y acusaciones internacionales apuntan hacia la creciente penetración del crimen organizado en la vida pública mexicana. Bajo la lógica oficialista, cualquier denuncia proveniente del extranjero podría ser descalificada automáticamente como intervención política.
Rumbo al 2027, morena necesita mantener movilizada a su base mediante enemigos claros: el “intervencionismo extranjero”, la oposición “vende patrias” y los gobiernos incómodos. Pero también enfrenta una enorme verdad. La ciudadanía está cada vez más consciente de la asociación entre oficialismo e impunidad, narcotráfico y autoritarismo electoral. No quitemos el dedo del renglón.
La oposición, por su parte, ha encontrado en Chihuahua una bandera para reagruparse temporalmente. Se defenderá “hasta donde tope” a Maru Campos. Lo inverosímil de la acusación oficialista también está movilizando a los chihuahuenses y a miles de mexicanos en todo el país. Estamos viendo un choque de trenes inesperado. Si la oposición no pintaba en el ánimo ciudadano, el morenismo le ha dado el pretexto ideal para su resurgimiento. Es una oportunidad única para que partidos políticos y sociedad organizada unan fuerzas ante una acción gubernamental evidentemente manipuladora, contradictoria y absurda. En defensa de Maru Campos, vayamos construyendo esa narrativa que nos vuelva a colocar en el ánimo de la ciudadanía. Con inteligencia, estrategia y trabajo a ras de piso es posible sacar del poder, de una vez por todas, al movimiento que se vendió como la gran esperanza y está terminando como el gobierno más corrupto, mediocre y cínico en la historia de México. O sigue el narcogobierno o las y los mexicanos de bien luchamos por nuestra nación. Nosotros tenemos la palabra. ¡A darle!
