Yo también cargo un Aleph
¿Te has identificado con el Aleph del escritor Jorge Luis Borges?
Quizá las redes sociales son ese punto secreto donde cabe el universo entero y podemos estar mirando demasiadas cosas al mismo tiempo.
El Aleph era eso: un espacio diminuto capaz de contenerlo todo. El pasado y el presente. Lo hermoso y lo terrible. Lo íntimo y lo infinito.
…hay personas que no logran apagar lo que ven, lo que recuerdan o lo que imaginan. Personas que cargan ciudades enteras en la cabeza mientras aparentan normalidad, yo soy una de ellas… he sentido esa acumulación de mundos…
Veo recuerdos que regresan completos con un olor, una canción o una calle. Veo conversaciones que nunca terminaron. Veo errores propios que siguen vivos años después. Veo el dolor ajeno, la violencia cotidiana, las noticias, las injusticias, y al mismo tiempo veo la belleza absurda de cosas pequeñas que todavía salvan el día: una conversación honesta, un café en silencio, una risa inesperada.
La sonrisa de mi hija, el desayuno con mi esposo, mientras se resuelve quien se equivocó más en Chihuahua o Sinaloa.
El verdadero Aleph, el Aleph moderno no es un objeto escondido en un sótano. Somos nosotros. Nuestra memoria. Nuestra ansiedad. Nuestra capacidad de cargar demasiada información, demasiadas emociones y demasiados tiempos al mismo tiempo.
Vivimos saturados. Miramos tragedias mundiales desde el teléfono mientras intentamos responder mensajes pendientes, pagar cuentas y resolver la vida diaria. Tenemos acceso a todo, pero entenderlo es otra historia. Borges lo escribió hace décadas y sigue siendo vigente: ver demasiado también puede ser una condena.
Quizá por eso el cuento permanece. Porque no habla solamente de un misterio fantástico. Habla del peso de percibir demasiado.
Yo me identifico con el Aleph porque sé lo que es quedarse atrapado en una mente que no deja de observar. Porque entiendo esa mezcla entre fascinación y agotamiento. Porque todos, en algún momento, hemos sentido que el mundo entero nos cabe adentro aunque ya no sepamos dónde ponerlo.
Y aun así, seguimos mirando…escribiendo y reflexionando.
Tal vez esa sea la parte más humana de todas.
