Cuando el corazón no puede esperar

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Un pequeño paso, un gran salto.« Neil Amstrong

Neil Armstrong, estimados lectores, falleció a causa de complicaciones derivadas deprocedimientos cardiovasculares. Sirva, este ejemplo, para decir que colocar un desfibrilador cardíaco puede parecer un pequeño paso, pero representa un gran salto para salvar vidas. Por su importancia en México, les escribo ahora al respecto.

Hay enfermedades que avanzan en silencio durante años, hasta que un día se manifiestan con toda su crudeza. Así ocurre con muchas enfermedades cardiovasculares. La hipertensión no diagnosticada, la diabetes mal controlada, el colesterol elevado, el tabaquismo, la obesidad, el sedentarismo y el estrés acumulado van dañando las arterias y el corazón sin pedir permiso. Luego, llegan el dolor en el pecho, la falta de aire, el infarto, la arritmia, el paro cardíaco o la muerte súbita.

Detrás de cada estadística hay una familia que no estaba preparada para perder a su padre, a su madre, a su hermano, a su compañera de vida. Hay niñas y niños que dejan de escuchar una voz en casa. Hay hogares que enfrentan gastos médicos, discapacidad, rehabilitación, duelo y empobrecimiento. Por eso, hablar de salud cardíaca no es hablar sólo de medicina; es hablar de vida, de equidad y de responsabilidad pública.

Las enfermedades del corazón son la principal causa de muerte en México. En el primer semestre de 2024 se registraron más de cien mil defunciones por enfermedades cardíacas, por encima de las causadas por la diabetes y los tumores malignos. La carga de la enfermedad cardiovascular no sólo se mide en muertes: también se mide en años de vida perdidos, consultas, hospitalizaciones, incapacidades laborales, cirugías, medicamentos, rehabilitación y sufrimiento familiar.

Ante este panorama, presentamos una iniciativa para adicionar diversas disposiciones a la Ley General de Salud en materia de salud cardíaca y de atención de las enfermedades cardiovasculares. La propuesta parte de una premisa sencilla: si las enfermedades del corazón son la principal causa de muerte en el país, deben tener una prioridad explícita en la política pública nacional.

La salud cardíaca no puede depender de campañas aisladas ni de esfuerzos fragmentados. Requiere prevención, detección oportuna, diagnóstico, tratamiento, rehabilitación y respuesta inmediata ante emergencias. Requiere coordinación entre la Secretaría de Salud, el Consejo de Salubridad General, las entidades federativas, las instituciones públicas, el sector privado, las escuelas, los centros de trabajo y la comunidad.

La iniciativa propone reconocer, en la Ley General de Salud, que la salud cardíaca tendrá carácter prioritario en las políticas de salud, con acceso universal, igualitario y equitativo para su prevención, diagnóstico, tratamiento y control. Esto importa porque lo que no se nombra en la ley muchas veces se diluye en la práctica administrativa.

También se plantea una definición amplia de enfermedad cardiovascular, que incluya padecimientos de las arterias coronarias, hipertensión arterial, arritmias, cardiopatías congénitas, insuficiencia cardíaca, valvulopatías y muerte súbita cardíaca. Esta visión integral permite diseñar políticas más completas, desde la vida prenatal hasta la vejez.

Uno de los puntos más relevantes es el tamizaje cardíaco neonatal. Hoy sabemos que algunas cardiopatías congénitas pueden identificarse de forma temprana y que una prueba sencilla, como la oximetría de pulso, puede ayudar a detectar casos graves en recién nacidos. Cuando una cardiopatía crítica se diagnostica a tiempo, el sistema tiene más posibilidades de actuar. Cuando se detecta tarde, el costo puede ser la vida.

 La iniciativa también busca fortalecer la educación de la población y del personal de salud para reconocer los síntomas de alarma: dolor u opresión en el pecho, falta de aire, sudoraciónmfría, náusea, desmayo, palpitaciones o dolor que se irradia al brazo, al cuello, a la mandíbula o a la espalda. En salud cardíaca, saber identificar una emergencia puede ser tan importante  como contar con un hospital cercano.

Pero hay un tema en el que cada minuto cuenta: el paro cardíaco súbito. Cuando el corazón entra en un ritmo letal, la supervivencia depende de una cadena de respuesta rápida: reconocer el evento, pedir ayuda, iniciar la reanimación cardiopulmonar y aplicar la desfibrilación temprana. La diferencia entre actuar en el primer minuto y esperar varios minutos puede ser la que separa vivir de morir.

Por eso proponemos que la Secretaría de Salud, con la opinión del Consejo de Salubridad General y de las autoridades sanitarias locales, diseñe un programa para la colocación y el funcionamiento de desfibriladores externos automáticos en espacios públicos y privados de alta concentración de personas o de riesgo cardiovascular: centros de trabajo, espacios deportivos, hoteles, centros turísticos, instituciones educativas, terminales de transporte, centros recreativos y otros lugares estratégicos.

Esto no es una ocurrencia. En diversos países, los espacios cardio protegidos han demostrado que la desfibrilación temprana y la capacitación comunitaria salvan vidas. México ya cuenta con antecedentes normativos, pero estos han sido principalmente exhortos. El problema de un exhorto es que invita, pero no garantiza. Y frente a una emergencia cardíaca, una invitación no basta.

La propuesta también establece que los desfibriladores estén señalizados, accesibles y libres de obstáculos. No sirve tener un equipo escondido, sin mantenimiento o bajo llave. La tecnología salva vidas sólo cuando está disponible, funciona y la gente sabe usarla.

Otro elemento fundamental es la atención expedita. La iniciativa plantea que los servicios de salud presten atención inmediata a quienes presenten una emergencia cardiovascular, independientemente de su derechohabiencia o afiliación, siempre que cuenten con capacidad para atenderla. En una urgencia cardíaca, el primer deber es salvar vidas y prevenir daños irreversibles. La burocracia no puede llegar antes que el oxígeno.

Además, se reconoce la importancia de la rehabilitación cardíaca integral para quienes sobreviven a un evento cardiovascular. Sobrevivir a un infarto no debe significar regresar a casa sin acompañamiento. La rehabilitación física, el apoyo psicológico, la educación en autocuidado y el seguimiento clínico reducen las recurrencias y mejoran la calidad de vida.

Esta iniciativa no pretende resolver de un plumazo todos los rezagos del sistema de salud. Ninguna ley, por sí sola, sustituye el presupuesto, la infraestructura, el personal capacitado, los medicamentos y la gestión eficiente. Pero una buena ley puede establecer prioridades, crear obligaciones, orientar programas y abrir el camino a políticas públicas sostenidas.

La carga de la enfermedad cardiovascular exige seriedad. México necesita prevenir mejor, diagnosticar antes, atender más rápido y rehabilitar con dignidad. Necesita formar comunidades capaces de responder ante una emergencia. Necesita que un desfibrilador no sea privilegio de unos cuantos espacios, sino parte de una cultura nacional de protección de la vida.

Cuando el corazón se detiene, no pregunta por partido, institución, ingreso, edad ni afiliación. Simplemente deja de latir. La respuesta del Estado y de la sociedad debe ser igual de clara: actuar a tiempo para que más mexicanas y mexicanos sigan viviendo. Les comentaré el

resultado final de este esfuerzo legislativo.

Referencias

[1] Éctor Jaime Ramírez Barba y el grupo parlamentario del Partido Acción Nacional. Iniciativa sobre salud cardiovascular en las páginas 23-43: https://gaceta.diputados.gob.mx/PDF/66/2026/abr/20260429-II-2-1.pdf

Éctor Jaime Ramírez Barba (www.ectorjaime.mx) es médico especialista en cirugía general, certificado en salud pública, con doctorado en ciencias de la salud y en administración pública. Es legislador y defensor de la salud pública de México, diputado reelecto del grupo parlamentario del PAN en la LXVI Legislatura y presidente del Capítulo de América Latina y el Caribe de UNITE Parliamentarians Network for Global Health.

www.ectorjaime.mx

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