Hernán no era cortés: Andrés Amaro
¿Hubo mala asesoría? ¿Lo originó una consultoría charlatana, tan de moda hoy día? ¿Fue frivolidad política? ¿Desconocimiento del país? ¿O únicamente falta de calle? Obliga a preguntárselo la dimensión del desastre que para un sector de la Oposición en México han significado la visita de la representante de la Comunidad de Madrid, I. D. Ayuso, y su intento por reivindicar la figura de Hernán Cortés.
El proyecto ha aparecido como un tosco ensayo para contrarrestar los valores históricos proclamados por Morena. Esa estrategia sin embargo, ha pasado por alto que dichos signos no los inventó el Régimen.
Esa fue la primera gran falla.
Los elementos históricos de la identidad de México empezaron a construirse desde el inicio de la Independencia, en 1810. Durante muchos años, dichos signos fueron como retratos colgados al azar en una galería. La Revolución Mexicana y sus instituciones dieron luego estructura a la identidad nacional. Ordenaron los retratos de la galería: héroes, antihéroes, leales, traidores, utileros, tramoyistas, etcétera.
Los Gobiernos entre 1988 y 2018, en pro de la inserción del país en un sistema de economía globalizada, movieron los retratos de lugar. Colgaron otros que no estaban. Y descolgaron a muchos. De acuerdo con su visión, la historia se había acabado. No había más conflicto. El consumo nos igualaría. Todos seríamos amigos. ¿Para qué acordarnos de cosas tristes?
Porfirio Díaz, Maximiliano, Carlota Leopoldina, Miguel Miramón, Tomás Mejía, Félix Calleja, Aureliano Blanquet, Santiago Vidaurri se beneficiaron de una indulgencia plenaria sui generis: sin haber ido nunca a la Hora Santa. Como si cada jueves por la noche, en lugar de ir a Catedral se hubieran quedado en la sala mirando el Netflix mientras por la ventana entraban el sopor y el sonido producido por el taconeo pausado de las beatas sobre la banqueta. “Que recen otras”, dirían los proscritos, sin moverse de sus reclinables.
Hasta Santa Anna, Francisco Bazaine y Victoriano Huerta estuvieron a un paso de la canonización.
La distorsión de la Historia Patria que este período aportó está aún en la mente de políticos de todos los Partidos. Cuestión de preguntarles.
Al arribar Morena al poder en 2018 recogió los retratos del cesto de basura. Los colgó de nuevo en la galería: Benito Juárez, Hidalgo, Madero, Emiliano Zapata, Francisco Villa, José María Morelos, Lázaro Cárdenas.
Esta reflexión remite también a la segunda falla técnica de la estrategia Salvemos a Hernán: los procesos de modificación de la identidad en una sociedad no son inmediatos. La instalación de nuevos valores culturales tiene una velocidad muy diferente a la usualmente requerida por proyectos políticos.
Por otro lado, para la actividad pública existe un concepto imprescindible: la responsabilidad política. Es relevante determinar, respecto al Tour D. Ayuso, a quién en México se le ocurrió que eso era una buena idea. Importa saber dónde se hizo la magia.
¿Hay alguien tan por encima de todo que le importa tres pepinos lo que ocurra con la Oposición a la que supuestamente buscaría fortalecer? Es desde luego una frase hecha. Tres pepinos actualmente no son poca cosa. De buen tamaño hacen un kilo (de 45 a 52 pesos en tienda de autoservicio; entre 15 y 25 pesos en mercado de frutas y verduras).
Como sabemos, para la vida en general resulta sustantivo estar ubicado en tiempo y espacio. Para efecto de este artículo, ambos se han agotado sin atender a nuestro título. ¿Qué H. Cortés no era amable? Por el largo proceso de construcción de la identidad nacional aquí relatado, eso lo sabemos casi todos. Menos los cortesianos. ¿O cortesanos?
