Sheinbaun y Trump en la moderna Torre de babel

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Leopoldo Espinosa Benavides

‘Al que madruga, Dios le ayuda’, decían nuestros abuelos para justificar la salida de madrugada para ordeñar las vacas.

Pero después ellos mismos justificaban el castigo al hijo que sorprendía a su hermano ganándole algo que no le correspondía diciendo: ‘No por mucho madrugar amanece más temprano’.

Si este tipo de contradicciones se dan en las mismas personas, ya entre varias, suele suceder que las diferencias las lleven hasta alguna nociva divergencia.

Y eso que las conversaciones son en el mismo idioma, porque si hablan en lenguas diversas, mucho menos posibilidades hay de que se pueda charlar en armonía.

Es hasta cierto punto inexplicable que existan tantos idiomas, pues todos los humanos utilizamos la comunicación universal de las señas.

En todas las civilizaciones se saluda con las manos, se abraza con las extremidades superiores, se guiña un ojo para mostrar complicidad, se levantan las cejas para mostrar asombro, etcétera.

La Biblia explica el origen de los idiomas a su manera, en la historia de la Torre de Babel, una construcción que torpemente pretendía llegar hasta el cielo, Dios no lo permitió.

La forma sencilla de conseguirlo fue dotando a los diversos grupos que laboraban en la obra, diferentes lenguas, lo que fue suficiente para que no se entendieran.

El primer efecto fue que se perdió la coordinación entre los constructores de la Torre de Babel y se suspendió la obra, pero las lenguas continuaron y se dispersaron por toda la tierra.

Hoy día existen más de 6 mil lenguas, que se agrupan en una docena de familias lingüísticas principales, entre ellas: el idioma germánico, el itálico, el celta, el griego, el indoiranio, el sánscrito, y otros que vienen siendo protoindoeuropeos.

Los idiomas romances pertenecen a la familia más grande de lenguas, conocida como indoeuropeo, que incluye lenguas germánicas como el alemán, el inglés, el holandés, y el danés. Igual abarca las lenguas indoarias, como el sánscrito, el bengalí, el hindi, y el pujanbí. Según he leído en libros especializados, la lengua original pudo ser la protolengua, con la que los humanos comenzaron a hablar.

Sin embargo, como la escritura comenzó a desarrollarse hasta el 3 mil 500 adC. aproximadamente, los especialistas pueden rastrear las lenguas hasta unos 10 mil o 15 mil años atrás, pero antes de esa época todo está confuso.

En tiempos recientes las reuniones de trabajo o conferencias internacionales requerían de un traductor que por medio de equipos auditivos trasladaba las frases de un idioma a otro, facilitando el entendimiento.

Sin embargo, hoy día los modernos aparatos de comunicación digital traen asombrosas aplicaciones adicionales que traducen instantáneamente de un idioma a otro, permitiendo conversaciones inteligibles para todos los participantes.

Ahora la falta de entendimiento se da no por cuestiones lingüísticas, sino por los intereses que hay detrás de las palabras.

Entre los presidentes Sheinbaun y Trump, por ejemplo, no ha habido hasta ahora malos entendidos lingüísticos, pero los términos democracia, soberanía y comercio significan cosas muy diferentes para ambos.

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