Alerta: evitar la pereza mental de la juventud
Hace poco leí un comentario basado, se decía, en encuestas sobre desempeño intelectual, y el asunto era que los jóvenes de los Estados Unidos se estaban volviendo menos inteligentes, que el cociente intelectual en sus rangos promedios estaba bajando preocupadamente. Sí, que los jóvenes se estaban volviendo menos inteligentes. El asunto no es tan simple, pero si estos estudios tuvieran al menos algo de razón, las explicaciones no son complejas. ¿Por qué?
El problema no es que una población nazca recientemente con menos inteligencia, no. La inteligencia es una cualidad con la que se nace, y que se utilice en un grado u otro en la vida personal es otro asunto. A través del tiempo se ha visto que las capacidades intelectuales con las que nace una persona tienen mucho que ver con la alimentación antes y después del nacimiento. Esto es algo ya muy visto en la ciencia medicina. Esas capacidades intelectuales en su desarrollo van de la mano con el desarrollo físico general de la niñez y hasta de la juventud. Pero las sociedades del mundo “desarrollado” no están siendo subalimentadas.
¿Qué está pasando? Que en la formación familiar y académica en general, se está fallando sensiblemente en el desarrollo del pensamiento, del raciocinio, del interés por la educación y el conocimiento. Y esto tiene mucho que ver con el inmenso recurso de la información en la Internet.
En vez de pensar, es mucho, pero mucho más fácil recurrir a medios como el dominante Google. Y tras los buscadores de la Red, está el recurso a la llamada Inteligencia Artificial (la IA o AI en inglés), a la cual se le puede preguntar cualquier cosa en un celular o laptop y nos dará una o más respuestas ya cocinadas. Sin tener que pensar, usar nuestra inteligencia, y lo peor es que las respuestas a consultas a la IA son en mucho tomadas como verdades absolutas, que no requieren mayor discernimiento. Se impone así la pereza mental: ¿para qué pensar si ya un programa computacional pensó por nosotros?
Analizar un tema como tarea académica o hasta de responsabilidad profesional es muy fácil cuando en vez de obtener información y analizarla, simplemente se recurre a medios electrónicos con respuestas prefabricadas. Lo importante es informarse, pensar, sí, pensar, y llegar a conclusiones propias, sean para la vida cotidiana o para efectos académicos o profesionales.
Cuando en vez de pensar simplemente se recurre a “verdades” o hechos consultados que parecen satisfactorios, simplemente se dan por buenos, y eso lleva académicamente a una malformación intelectual, al desperdicio de nuestra inteligencia, a nuestra capacidad de raciocinio. De hecho, los maestros en la academia tienen luego el problema de distinguir en una tarea de investigación si la misma es “copy and paste” de escritos ajenos o es un desarrollo personal.
Es asunto y responsabilidad clave en la educación familiar y académica: enseñar a la juventud a pensar, a reflexionar, a desarrollar la inteligencia y evitar la pereza socialmente creciente de buscar en la red ya no digamos información, sino especialmente opiniones, y darlo todo por cierto, indudable y correcto. Hay que enseñar a los jóvenes que Google y la IA también fallan y así nos dan errores en vez de verdades “absolutas”.
