Entre los gobernantes de hoy destacan los que carecen del sentido del humor, y el del honor también. Son amenazas por considerar. Trump, Sheinbaum, Hugo Aguilar, como otros políticos, adoptan conductas públicas que evidencian esas carencias. El domingo pasado Trump, enojado nuevamente, arremetió contra los Premios Grammy 2026, y adelantó demandará al presentador Trevor Noah tras una broma que lo vinculaba con el pederasta Jeffrey Epstein. La señora Sheinbaum, enojada igual, regañó a legisladores de su partido en Baja California por pedirle una foto juntos. Trasciende que anda enojada con frecuencia en Palacio Nacional. El actual presidente de la Suprema Corte no tuvo reparos en que una mujer y un hombre de su séquito, doblados, le limpiaran los zapatos, una por delante, el otro por atrás, con camarógrafos al lado; en la conmemoración del 5 de febrero; después pretextó que se los habían ensuciado de café.
Hay políticos que se toman demasiado en serio, y a ellos los toman todavía más en serio quienes no se toman en serio a sí mismos. “Si no se tiene sentido del humor, se toma uno demasiado en serio; poco después se cree infalible; en seguida, toma en serio la campaña de publicidad que uno mismo desató, y al poco tiempo se da ese fenómeno que debe constituir el encanto de los psiquiatras: la auto idolatría”, enseñaba Efraín González Morfin.
“Hace falta el sentido del humor en la política mexicana. El sentido del humor se ríe de todo, pero no le pierde el respeto a nada. El sentido del humor comienza por reírse de uno mismo, sin perder nunca la fe en la propia dignidad. El sentido del humor, con frecuencia, hace que su dueño se muerda la lengua y que tranquilamente recobre la perspectiva real de las cosas, cuando otros se inclinan a perderla”.
La política sin sentido del humor “es tragedia irremediable en la que no parece que haya salida para la desesperación ni para problemas hereditarios… En política debe haber algo antes (personas, familia, escuela, empresa), algo en y algo después o más allá de la política. Si todo es política en este mundo estamos perdidos. Pero para que no todo sea política en este mundo, debe haber política y valor cívico”.
El lenguaje político que se cultiva en México “es casi un ritual de farándula en el que lo apasionado y lo cursi, lo hueco y lo convencional dan el matiz claro de tragicomedia a la repetición de actos masivos”, las mañaneras, o los discursos de Sheinbaum y Aguilar en Querétaro. Cómo nos urge desarraigar la demagogia, las mentiras, las hipocresías y las complicidades. Y colocar la actividad política en su justo término, sin desvalorizarla ni exagerarla; defendiéndola de extralimitaciones que la conducirían al totalitarismo. Rescatándola de las indiferencias también.
El sentido de humor hay que ligarlo al sentido del honor, el respeto a sí mismo, incluyendo el respeto a la palabra. Supone reconocer que no somos dueños del sentido de las palabras. Estas tienen significados que debemos respetar si no queremos incomunicarnos. Los demagogos, como los antes mencionados, empiezan por dar significados distorsionados a las palabras y cargan sus mensajes políticos de demagogia y convencionalismos. Y así han desprestigiado la política, y le dan sentido de instrumento de abuso e injusticia.
“La autoridad en cuanto tal es conciencia y conducta políticas. Es el derecho de mandar para el bien común. Por tanto, la autoridad se distingue del mero hecho de mandar. En la teoría y en la práctica, siempre se ha distinguido gobierno de derecho de gobierno de facto. Porque una de las características que deben tener los gobiernos es la legitimidad de origen y la legitimidad en el ejercicio: llegar por la buena al poder, bajarse por la buena del poder, y gobernar bien para el bien común”.
Trump como Obrador se dicen víctimas de fraudes electorales previos, sin demostrarlo. Ahora Trump y Sheinbaum plantean reformas electorales que dificultarán llegar o bajarse por la buena del poder. Los ciudadanos responsables debemos, entre risas y lágrimas, hacer el esfuerzo por la democracia, la justicia y la libertad.

