No podemos dejar de sentir compasión por el alma de Noelia Castillo y por su decisión de hacerse matar en un hospital, y por su familia y amistades que sufren esta muerte

Hace unos días, una joven española consiguió algo que la obsesionaba: terminar su vida para dejar de sufrir, por eutanasia legal en España. Se llamaba Noelia Castillo Ramos. Las noticias de su inminente muerte y de la misma, por una inyección letal en un hospital, ha provocado, y creo seguirá provocando en medios de comunicación de muchos países, notas y comentarios. El tema: la eutanasia.

Pero hay dos tipos de enfoque sobre esa muerte, las que simplemente la consideran como decimos los periodistas: “es nota”, llama la atención y hay que aprovecharla. Esas notas de prensa llegan y pasan sin mayor mérito que ser novedad del momento. El otro enfoque es la reflexión sobre el concepto mismo de eutanasia y de su aceptación o rechazo desde diversos puntos de vista. Y esto es o que realmente debe de importar.

Muchos opinan sobre el tema a favor o en contra, lo cual ha sido objeto de discusión desde mucho tiempo atrás. Para los defensores de la eutanasia, la visión general es que se debe de ver como un “derecho” de una persona que ya no quiere sufrir y que por eso sólo se debe de justificar, como decisión personal de pedir que se le mate porque ya no quiere vivir, o porque personas que tienen poder de decisión sobre su vida, como sus parientes muy cercanos, padres, cónyuges o hijos solicitan que “médicamente” se termine con su vida, y que deje de sufrir.

En cambio, para quienes somos defensores de la vida desde la concepción hasta la muerte natural, la eutanasia es inaceptable, impensable como derecho a disponer de algo que consideramos solamente corresponde a Dios: la vida humana. Los argumentos a favor de la vida y en contra de acabar con una vida humana matándola son muchos y muy conocidos. Y debo decir que en ocasión de esta muy triste muerte por asesinato legal, vale la pena que se insista en que los argumentos pro-eutanasia no son válidos moralmente hablando.

Legalmente hablando, los abogados de sus padres que insistían ante las autoridades judiciales españolas inclusive alegaron que las estrictas condiciones de la ley no se cumplían en el caso de Noelia, pero la mataron.

Y para un creyente, que sabe que tiene una conciencia y que debe responder ante Dios de sus acciones buenas o malas, pedir que se le asesine es un grave pecado, que el terminar su vida con la asistencia de personal médico que la va a matar implica presentarse al juicio postmortem ante Dios con un grave pecado. Quien solicita y obtiene el “beneficio” legal de que un médico le asesine a petición propia podrá detener un sufrimiento físico o psicológico, pero así no va a tener la paz que quisiera tener en vez de dolor. La paz postmortem es ganar el cielo.

No hay manera de conceptuarlo de otra manera, ni siquiera recurriendo a eufemismos como “terminar la vida”: practicar la eutanasia es un asesinato, un homicidio que algunas leyes nacionales permiten. Que es un crimen, lo es, que no se le penaliza, es otra cosa.

¿Qué podemos pensar y decir respecto a Noelia Castillo Ramos, que solicitó insistentemente que se le quitara la vida, que se le matara por el proceso conocido como eutanasia, ante su sufrimiento de muchos años? Algo que vale la pena decir es que es moralmente inaceptable.

Pero… lo que no podemos hacer es condenarla, eso se lo debemos dejar a Dios. Las personas que están en su caso, como también los suicidas (por mano propia o con asistencia) tienen serios problemas psicológicos, que les hacen pensar que acabar con su vida es una solución, pueden tener muchas reflexiones, aceptables o no para terceras personas, y la culpabilidad de pedir y obtener la muerte es cosa que solamente Dios puede juzgar. La angustia, el dolor, las penas embrollan la razón. Lo que corresponde hacer en estos casos, como de los suicidas, es rogar por sus almas. No hay manera de saber si en sus últimos momentos de vida cerebral hubo o no arrepentimiento.

Quienes estamos a favor de la vida desde la concepción hasta la muerte natural, no debemos quedarnos callados ante esos asesinatos “legales” por eutanasia, o por el llamado suicidio asistido. En el primer caso se asesina a alguien y en el segundo se le ayuda a matarse.

Este triste evento de Noelia no debemos verlo como simple noticia que llegó y se deja pasar, sino ocasión de reflexionar sobre el valor de la vida y del alma humanas, así como de los medios médicos, psicológicos y religiosos de enfrentar graves dolores o penas psicológicas de los que el mundo dispone. Y rezar por el alma de Noelia, por su familia y por la reflexión y arrepentimiento de quienes se prestan a asesinar por medio de la eutanasia como si fuera legítima asistencia médica.

No podemos dejar de sentir compasión por el alma de Noelia Castillo y por su decisión de hacerse matar en un hospital, y por su familia y amistades que sufren esta muerte. Y respecto a quienes lo practican, no podemos dejar de condenar el acto de asesinar (por petición personal o hasta de terceros interesados) a una persona como si fuera un animal. Quienes aprueban leyes que permiten esos asesinatos y quienes los practican lo hacen en contra de la inmensa dignidad de la vida del ser humano. Piedad para quien se somete a eutanasia, y condena para quienes le asesinan (con respaldo legal torcido). Cada uno deberá responder ante el Señor por sus acciones. Nosotros: reflexionemos y oremos.

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