noviembre 30, 2025
Los datos más recientes del cierre de 2025 revelan una grieta estructural en nuestro sistema sanitario.

«Mejor es prevenir que curar» John F Kennedy

En la administración pública existe una máxima no escrita: lo que no se mide, no se mejora.
En la salud pública mexicana, sin embargo, parece que vivimos un corolario más cruel: lo
que se mide se ignora cuando la solución exige estrategia y no sólo fármacos. Los datos
más recientes del cierre de 2025 revelan una grieta estructural en nuestro sistema sanitario.
Mientras celebramos avances tecnológicos que reducen la letalidad de enfermedades
históricas, estamos perdiendo la batalla más básica: evitar que la gente enferme.
Un reciente estudio publicado en la Gaceta Médica de México (GMM) y las cifras
alarmantes del Boletín Epidemiológico de la Secretaría de Salud (Semana 46, 2025)
dibujan un escenario de “éxito clínico y fracaso preventivo”. Nos hemos vuelto cada vez
más eficientes en posponer la muerte, pero seguimos siendo ineficaces para preservar la
salud.
El análisis encabezado por Bravo-García y Morales-Juárez, titulado “Análisis de la carga de
la enfermedad por VIH/SIDA en México (1995-2021)”, llega a una conclusión devastadora
para los tomadores de decisiones. Sus cifras son contraintuitivas:
o Éxito clínico. La mortalidad por VIH se ha reducido alrededor de 30 % en las últimas
décadas. Es un triunfo de la farmacología y del acceso a antirretrovirales.
o Fracaso político. La incidencia —los nuevos casos— ha aumentado 64 % en el mismo
periodo, al pasar de 7.7 a 12.6 casos por cada 100 mil habitantes.
¿Cómo es posible que mueran menos personas pero se contagien muchas más? La respuesta
de los autores es lapidaria: las estrategias preventivas han fallado. Hemos convertido al
VIH en una enfermedad crónica manejable, lo que ha generado una falsa sensación de
seguridad y ha desmantelado la urgencia de la prevención primaria.
Más preocupante aún es la demografía del contagio. El incremento de 270 % en la
incidencia en adultos mayores de 60 años revela un punto ciego en nuestras campañas de
salud: asumimos que la sexualidad termina con la juventud. Al mismo tiempo, el aumento
de 73 % en jóvenes de 15 a 29 años nos grita que la educación sexual en las escuelas ha
sido insuficiente o inexistente. Estamos fallando a los abuelos y a los nietos por igual.
Si el VIH representa una crisis silenciosa de largo plazo (16,323 casos en 2025), otras
patologías como la sífilis adquirida (19,073 casos), la sífilis congénita (474 casos), el
herpes genital (5,205 casos) y la gonorrea (4,903 casos), por ejemplo, son una alarma de
incendio que casi nadie quiere escuchar; muchos prefieren voltear hacia otro lado. Al
revisar el Boletín Epidemiológico de la Semana 46 de 2025, encontramos una explosión
estadística que sólo puede explicarse por el abandono de la promoción de la salud y de la
atención primaria.
Los casos confirmados de miasis por Cochliomyia hominivorax (gusano barrenador) en
humanos suman 75 en Chiapas, 6 en Yucatán, 3 en Campeche y uno más en Tabasco; ya
han fallecido cuatro personas.

En cuanto al dengue, en 2025 se registran 9,403 casos acumulados de dengue no grave;
8,808 casos de dengue con signos de alarma y 637 casos de dengue grave. El dengue se
previene en la calle, con fumigación, descacharrización y educación comunitaria. Aunque
hay mejoría respecto a 2024, el objetivo debe ser evitar una saturación hospitalaria
prevenible que termina costándole miles de millones de pesos al erario.
Para los lectores de El Economista, el ángulo financiero es central. El sistema de salud
mexicano opera bajo una lógica económica insostenible: gastamos en las intervenciones de
alto costo —tratamiento de por vida para VIH, terapia intensiva para dengue grave—
porque “ahorramos” en las intervenciones de bajo costo —condones, educación sexual,
control de larvas y campañas comunitarias.
Esta ineficiencia se refleja en muchas otras métricas del Boletín. Mientras las enfermedades
crónicas como la diabetes siguen en aumento (498,217 casos en 2025 frente a 451,385 en
2024), también vemos repuntes en patologías que evidencian descomposición social y falta
de atención primaria, como la violencia intrafamiliar (44,389 casos) y la depresión
(134,459 casos reportados).
El artículo de la GMM cuestiona explícitamente la “efectividad de las estrategias
preventivas”. Yo iría un paso más allá: cuestiono la existencia misma de una estrategia
preventiva real. Una “estrategia” que permite que la incidencia de una enfermedad
prevenible como el VIH crezca 64 % en 25 años no es una estrategia fallida: es una
negligencia sistémica.
La evidencia presentada por Bravo-García et al., sumada a la fotografía epidemiológica de
finales de 2025, debe funcionar como ultimátum. No podemos seguir financiando un
sistema que espera al ciudadano en la sala de urgencias. Es imperativo redirigir el
presupuesto y reordenar prioridades.
Necesitamos reiniciar la educación sexual integral, enfocada no sólo en biología, sino en
comportamiento y riesgo, que abarque desde la adolescencia hasta la tercera edad.
Debemos blindar los programas de control de vectores frente a los recortes presupuestales:
el mosquito no respeta la austeridad republicana. Y urge medir el éxito por casos evitados,
no por pacientes atendidos.
México tiene el talento médico y buena parte de la infraestructura necesaria para tratar la
enfermedad, pero sigue careciendo de la voluntad política para preservar la salud. Si no
invertimos hoy la pirámide de atención, las estadísticas de 2030 no serán sólo números en
un papel, sino una factura impagable para el desarrollo nacional.
Esta columna viene a cuento por las declaraciones del Dr. David Kershenovich: “Lo que
queremos enfatizar es un sistema de prevención y sobre todo de atención primaria… porque
si nos esperamos a cuando acudan con la enfermedad llegan tarde. Por eso son responsables
de 80 % de la morbilidad y mortalidad en el país”. Yo sostengo que, en salud pública, es
mejor bien hecho que bien dicho. Estaremos atentos.

Éctor Jaime Ramírez Barba (www.ectorjaime.mx) es médico especialista en cirugía
general, certificado en salud pública, doctorado en ciencias de la salud y en administración
pública. Es Legislador y defensor de la salud pública de México, diputado reelecto del
grupo parlamentario del PAN en la LXVI Legislatura.

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