el nacimiento de un nuevo partido político, Somos MX y por el otro, la propuesta de reforma electoral que enviará el régimen -vía el Ejecutivo- al Congreso de la Unión

Mientras la 4T diseña ventajas para permanecer en el poder, los ciudadanos inconformes y tratados como traidores se organizan.

Una de las principales características del populismo mexicano es el antipluralismo. Es decir, tiene como fundamento el acallar las voces que disienten de su proyecto. La presidenta Claudia Sheinbaum ha sido muy clara al respecto. Antes que cualquier cosa, la prioridad es el cuidado del «movimiento»; no importa si eso implica violar la ley de forma sistemática. La autodenominada Cuarta Transformación asume que solo debe gobernar para sus partidarios. Los «otros» no existen y son invisibles, salvo cuando es necesario perseguirlos.

Es ese contexto se cruzan dos dinámicas que redefinirán la competencia electoral y permitirán, o no, la transición de los invisibles a un espacio en el que sus voces cobren mayor relevancia. Por un lado, el nacimiento de un nuevo partido político, Somos MX y por el otro, la propuesta de reforma electoral que enviará el régimen -vía el Ejecutivo- al Congreso de la Unión. El desarrollo de estas dos variantes será crucial para la disputa del poder y cómo se traduce en espacios tangibles para ejercerlo.

Si bien la evidencia nos dice que el aparato oficialista no termina de comprender que mientras más se endurezca será aún más vulnerable; existen esfuerzos para frenar el autoritarismo electoral, el cual es palpable incluso antes de que discuta y vote su planteamiento de reforma electoral.

El ejemplo más claro e irrefutable es que en las elecciones del 2024 Morena y sus aliados obtuvieron el 54% de la votación nacional, sin embargo eso se tradujo en el 73% de las curules en Cámara de Diputados; superando en casi 19% la correspondencia entre votos y escaños, cuando la Constitución solo permite un margen máximo de 8% de sobrerrepresentación. Mientras que con el 46 % de la votación la oposición obtuvo el 27 % de las diputaciones.

A dicho panorama se le tiene que sumar que ese 46% de ciudadanos que no votaron por la Cuarta Transformación y sí lo hicieron por un partido político ubicado en el espectro de la oposición PAN, PRI y MC vieron diluirse su voz y su fuerza a cero cuando dichos institutos adquirieron una actitud pusilánime frente al poder. Sus logros más destacados han sido renovar un logotipo y un jingle, además de agredir física y verbalmente a otros personajes para volverse virales en redes sociales.

Dicho de otra forma, casi la mitad de los mexicanos que hoy son ignorados y tachados de traidores por no haber votado por Morena y sus aliados, tampoco son representados por los partidos políticos «opositores» atrapados en su irrelevancia. No es necesariamente una sorpresa. Sus «líderes» gozan de una pésima reputación y su genuflexión frente al régimen responde a la activación, o no -según se comporten o voten- de la judicialización de carpetas de investigación. Mientras tanto, todos aquellos que no están conformes con el régimen siguen padeciendo la orfandad política.

Y aunque el panorama luce sombrío, el sistema político-electoral mexicano tiene -todavía- ciertas rendijas que permiten despresurizar dicho desencanto. Una de ellas es la posibilidad de formalizar una plataforma ciudadana en partido político. En ese punto, si bien actualmente existen tres organizaciones que parecen cumplir los requisitos impuestos por el Instituto Nacional Electoral, la más relevante es Somos MX, la cual tiene un carácter opositor a Morena, mientras que los otros dos esfuerzos: Que siga la democracia y Construyendo sociedades de paz; están orientados a ser comparsa del régimen y, por supuesto, recibir dinero público.

De las 200 asambleas que exige la ley, Somos MX ha logrado 246, de los 256 mil afiliados que necesitaban, la organización cuenta ya con más de 310 mil. El pasado domingo celebraron su asamblea constitutiva con el INE como verificador. A más tardar el 27 de febrero deben presentar su solicitud. Con todo solventado esperarán 60 días para recibir su constancia de nuevo partido y configurar la hazaña.

En otras palabras, los invisibles están a punto de transitar hacia la ciudadanía -otra vez- con derechos y obligaciones mediante una nueva plataforma que atienda sus necesidades. Los principios que enarbolan -aunque parecen básicos- nos recuerdan lo que se ha perdido en la acelerada destrucción del estado mexicano: reconstrucción de la división de poderes y contrapesos, seguridad desde un enfoque civil, mejor empleo y salario, apuesta por el multilateralismo, educación sin dogmatismos y basada en ciencia, combate a la violencia hacia las infancias, las mujeres y los jóvenes.

Las reglas inamovibles de Somos MX sientan un precedente sobre el ejercicio del poder. Entre ellas destaca que ninguno de los liderazgos, ya sean nacionales o estatales, podrán ser candidatos. También el que todos sus candidatos estarán obligados a ir a elecciones primarias para evitar el dedazo de las dirigencias y, por último, que un bloque de candidaturas estará reservado para menores de 35 años y otro para la sociedad civil organizada.

Otro elemento innovador es que tendrán un consejo ciudadano en el que participan figuras destacadas como Diego Valadés, Macario Schettino, Lorenzo Córdova, Ceci Flores, Roger Bartra, María Amparo Cassar, Margarita Ríos Farjat, Gerardo Laveaga, Consuelo Saizar, Israel Rivas, María del Carmen Alanís, Rafael Estrada Michel, Ivonne Melgar, Rubén Aguilar y Lázaro Ríos, entre otros.

Vale la pena recordar que toda disputa por el poder es también una disputa por el derecho a existir en el espacio público y a habitarlo. Somos MX encarna una intuición sencilla y poderosa: que millones de personas a quienes se les ha negado la voz pueden volver a nombrarse, organizarse y participar. La transición de los invisibles hacia la ciudadanía plena está en marcha.

Apunte:

Enhorabuena para los fundadores y artífices del proyecto: Adina Chelminsky, Guadalupe Acosta Naranjo, Cecilia Soto, Edmundo Jacobo, Mariana González, Emilio Álvarez Icaza, Fernando Belauzarán y Amado Avendaño.

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