Washington encontró la forma de fracturar el círculo más cercano de Nicolás Maduro en Venezuela. ¿Está pasando algo similar en México?
El exilio del exfiscal Gertz Manero -quien será enviado como embajador a Reino Unido-, la caída de Adán Augusto como coordinador parlamentario en el Senado de la República y el autoachicamiento de Ricardo Monreal en la Cámara de Diputados, exhiben un patrón de limpieza y reacomodo de piezas dentro del régimen impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum. Sin embargo, para ciertos liderazgos del propio partido en el poder, la reestructura no se entiende sin la estrecha y casi obligada «colaboración» que se ha forjado entre la mandataria y la administración de Donald Trump.
Lo ocurrido en Venezuela, en donde diversos medios como The Guardian lograron corroborar un complot entre la ahora presidenta interina Delcy Rodríguez y Washington para diseñar una entrega pactada de Nicolás Maduro, permite plantear una hipótesis sobre lo que está ocurriendo en distintos rincones de Latinoamérica, y por supuesto en México. En distintas ocasiones, de diversas formas y por distintas vías, la Casa Blanca ha acusado al gobierno de México de mantener una alianza intolerable con el narcotráfico. En marzo del año pasado describí la encrucijada en el artículo titulado Sheinbaum: emanciparse de AMLO o ser devorada por Washington.
«La Casa Blanca ha sido enfática: no solo exige la captura de capos, quiere el desmantelamiento de las redes de protección política y empresarial que han permitido el crecimiento del narcotráfico en la región. Esto significa tocar a gobernadores, legisladores, alcaldes y empresarios que han funcionado como engranajes del sistema corruptor. En ese sentido, la presidenta de México parece dar señales de que priorizará la relación con Washington por encima de la crisis doméstica que desataría la cacería de personajes mexicanos. ¿Puede Sheinbaum tener un rendimiento derivado de esta coyuntura? es la pregunta que comienza a permear en los principales círculos», escribí hace ya 10 meses.
En ese momento, la pregunta relevante era si la primer mujer presidenta terminaría por «colaborar» con la administración Trump. Hoy, sin embargo, ese cuestionamiento ya tiene una respuesta afirmativa y ha evolucionado con un nuevo spin hacia el tipo de coordinación y la profundidad de dicha cooperación.
Dos fuentes, que solicitaron el anonimato y que forman parte de la élite del partido en el poder, observan los cambios y movimientos hechos por la presidenta a un año de tomar protesta como un desafío y una traición a los acuerdos originales con los que se buscaba dar continuidad al régimen que instaló formalmente en el poder hace 7 años el líder moral y expresidente Andrés Manuel López Obrador.
Bajo ese panorama, el paralelismo con Venezuela deja de ser una exageración retórica y se convierte en una advertencia fundada. La historia moderna y la cultura política del país nos recuerdan que los presidentes suelen buscar emanciparse de su antecesor. El también llamado parricidio político no es sino la muerte política y pública de quien engendró, alimentó y guió hacia el poder al nuevo liderazgo. La medida se entiende como darwiniana (natural y evolutiva) en el sistema político mexicano. Hasta que no «muere» el antecesor, la heredera -en este caso Sheinbaum- gobierna desde la sombra ignorada por las verdaderas estructuras de poder.
La evidencia pública permite advertir que la mandataria está en el proceso natural de emanciparse de su antecesor Andrés Manuel López Obrador; sin embargo, el pequeño gran inconveniente y que parece estar contaminando dicha evolución se llama Washington. Es particularmente interesante la condescendencia que el presidente Donald Trump tiene hacia Claudia Sheinbaum cuando sostiene que es una gran líder, una mujer hermosa e inteligente, pero que México está secuestrado por el crimen organizado. La narrativa construida e impulsada desde la Casa Blanca tiene implícito que la presidenta es víctima de un entramado que la rebasa.
Resulta perjudicial para la mandataria mexicana la percepción de que para lograr hacerse del poder y ejercerlo de verdad necesita ayuda y tutela externa. Sheinbaum en definitiva no es Decly Rodríguez, quien conspiró junto con su hermano para allanar la salida de Nicolás Maduro y ponerle un nuevo rostro al autoritarismo en Venezuela; sin embargo, los movimientos, exilios, enroques y caídas en las últimas semanas, mantienen en alerta máxima a un sector importante del grupo en el poder, el cual daba por sentado que su cercanía con el exmandatario y habitante de Palenque les garantizaría el cumplimiento de acuerdos hoy rotos.
¿Hasta dónde la presidenta está aprovechando para sí misma su obligada «cooperación» con Washington?

