Los gobiernos actuales y el marketing de los conceptos, cual streaming viral.
En los años 80’s las telenovelas mexicanas se adueñaban de las salas de los hogares del mundo, hubo novelas dramáticas, musicales, documentales, históricas pero sobre todo esas que retrataban el aspiracionismo de jovencitas que veían en la protagonista de origen humilde, esa que se enamoraba del joven de otro estrato social, una esperanza de que su vida tuviera esa misma suerte.
Hoy esa sensación, esa emoción se ha trasladado de los televisores a los dispositivos móviles, hay borbotones de contenidos en plataformas de streaming, un alud de influencers o creadores de contenido saturan con harta híper información el día a día.
Hoy, si no compartes contenido en redes sociales, no existes, todo y todos somos un “STORYTELLING”, es decir nos vendemos a través de micro historias, secuenciales; para los creadores de contenido como para los gobernantes, da igual que, lo que uno tenga; sea o no de calidad. Lo que importa es venderlo bien, tener un relato, una narrativa que cautive. Sin excepción, todos caemos en ello: políticos, periodistas, estudiantes, usuarios de las redes… vivimos inmersos en un mercadito donde proliferan las historietas insultas, sin profundidad, carentes de enseñanza, sólo son chismes, notas para impactar en el momento y desvanecerse efímeramente.
Para los gobernantes es más importante construir y sostener una narrativa que convenza a los ciudadanos de seguir consumiendo su producto, de aprobar su desempeño, aunque la realidad y las cifras oficiales les contradigan, en esta híper modernidad marcada por el consumo excesivo, por una sensibilidad liquida, en el imperio de lo efímero y fugaz, inundados de información desordenada cuyo último fin es crearnos necesidades artificiales y configurando una identidad a partir del consumo habitual que confunde entre la realidad y lo generado por la inteligencia artificial. Así la narrativa desde el púlpito de la mañanera, así la andanada de promesas sin cumplir por parte del gobernador Samuel García…no importa la realidad ni sus resultados como gobierno, lo importante es la narrativa en su contenido digital, siempre que sea generadora de percepción de éxito y de que sus seguidores interactúen de manera espontánea y regular, desde las emociones y no desde la razón.
En ese sentido es imprescindible aprender a comprender, a entender que, de entre todo lo que vemos o leemos en redes, es auténtico.
Recuerdo la expresión -«TODOS MIENTEN»-Tremenda frase del Dr House en una serie televisiva, pero con profundo sentido. Todo lo que se expresa, se expone; lleva una carga de finalidad, propósito e intención. ¿El fin justifica los medios? Recuerda entonces siempre cuestionar lo que lees, dudar de su veracidad o analizar su enfoque, su propósito. -“Todo lo que oyes es una opinión, no la verdad; todo lo que ves es una perspectiva, no la realidad”- ; entonces no nos queda otra opción que dudar de todo.
«Nada es verdad todo es mentira, todo es mentira nada es verdad.»
Ahora aplícalo a cualquier narrativa del speech oficialista, todos nos mienten y no les preocupa ser descubiertos. Lo que les interesa es sostener su narrativa para construir su personaje y vender su producto, su proyecto. Venderse el individuo como producto, sostener una narrativa escenificación de persuasión; al convertir la identidad del político en imagen, que combinado con ciertas frases remanidas (muy trilladas, gastadas) en una escena bien elegida, termina por hacer el trabajo sucio de convertir al político en un producto redituable, en un símbolo cultural, el cual según la programación neurolingüística, es de un alto impacto porque resulta agradable, resulta un premio por la reacción de los usuarios de redes sociales. Es aquí donde la interacción con la narrativa alimenta el alcance, donde el mensaje visual vence al contenido; ese tipo de mensajes visual que es altamente scrolleable, se corta de los 7 a los 12 segundos pero ya para entonces, funciona. Se viraliza, produce meme… produce fanatismo y se convierte en ese contenido al que el algoritmo entiende como “droga buena”: Esa es la trascendencia de la narrativa. Crea percepción y para el político, percepción es realidad.
