Seguridad, Soberanía y la Batalla por el Relato
Todos hablan del Mencho abatido, todos especulan sobre que vendrá, pues aquí les ofrezco algo que puede ayudar a entender mejor lo que pasa.
El abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, el 22 de febrero de 2026 en Tapalpa, Jalisco, marca un punto de inflexión en la política de seguridad del Estado mexicano. La operación —según los comunicados oficiales— fue ejecutada por fuerzas especiales mexicanas con apoyo de inteligencia bilateral de Estados Unidos. Es decir: cooperación, no intervención.
Sin embargo, lo más revelador no ha sido la operación militar en sí, sino la reacción política y mediática posterior.
Ayer, muchas voces exigían intervención extranjera, drones, marines, fuerza sin matices. Se afirmaba que México no podía solo. Hoy, tras una acción ejecutada por fuerzas nacionales, los mismos sectores denuncian que el país “está incendiado” y que la violencia posterior prueba el fracaso del gobierno. La aparente contradicción no es un error lógico; es una estrategia narrativa.
El hecho y su reacción
En cualquier experiencia comparada —Colombia en los años noventa, Italia frente a la mafia, incluso Estados Unidos tras golpes estructurales a redes criminales— la eliminación de un liderazgo produce una reacción inmediata. Las organizaciones criminales operan bajo lógicas de reputación y control territorial; necesitan demostrar que siguen vivas.
La violencia posterior no es necesariamente prueba de fracaso. Puede ser, paradójicamente, evidencia de que el golpe fue profundo.
La pregunta estratégica no es si habrá reacción. La pregunta es si el Estado tiene capacidad para contenerla y evitar que la fragmentación derive en algo peor.
Cooperación no es intervención
Conviene separar conceptos. Inteligencia compartida es práctica estándar entre países aliados. No equivale a pérdida de soberanía. Confundir ambos planos puede ser políticamente rentable, pero es técnicamente incorrecto.
La soberanía moderna no consiste en aislarse, sino en cooperar sin ceder el mando operativo. Si la ejecución fue mexicana, la responsabilidad y la autoridad también lo fueron.
La verdadera batalla: el relato
Desde la Micropolítica, el punto central no es únicamente el evento militar, sino quién controla su interpretación.
En sociedades polarizadas, cada actor convierte el mismo hecho en prueba de su tesis previa.
Si hay violencia: es prueba de fracaso.
Si no la hubiera: sería prueba de simulación.
La competencia política no premia la coherencia; premia el desgaste del adversario.
Lo que observamos es una disputa por el significado del acontecimiento. Y en seguridad nacional, el significado es poder.
Dos verdades simultáneas
Una democracia madura debería poder sostener dos ideas al mismo tiempo:
- El Estado tiene la obligación de enfrentar a organizaciones criminales de alto impacto.
- Toda acción de alto nivel genera riesgos de escalamiento que deben anticiparse y gestionarse.
Reducir el debate a consignas —“mano dura” versus “abrazos”— simplifica lo que en realidad es un problema estructural de construcción institucional.
El crimen organizado no se derrota con tuits ni con indignación selectiva. Tampoco con romanticismo ideológico. Se enfrenta con Estado: inteligencia, coordinación, legitimidad social y continuidad estratégica.
El desafío real
El verdadero examen no es el operativo. Es lo que viene después:
¿Habrá control territorial sostenido?
¿Se evitará la reconfiguración violenta?
¿Se fortalecerán instituciones o se capitalizará políticamente el momento?
El Estado no se construye en una jornada. Se construye en la consistencia.
Y en momentos como este, más que la estridencia, lo que México necesita es claridad estratégica.
Dr. Alfredo Cuéllar es creador de la disciplina Micropolítica: El Ejercicio del Poder. Académico y consultor internacional, ha sido profesor en México y Estados Unidos, y es autor de múltiples ensayos sobre poder, liderazgo e instituciones democráticas. alfredocuellar@me.com

