Acción Nacional sufre una crisis doctrinaria, asunto que debe ser motivo de gran preocupación y respuesta, de parte de quienes dirigen u obran a nombre del partido, como lo están los panistas gravemente preocupados por la desviación u “olvidos” de los principios de doctrina panistas, esos que le dieron razón de ser y que son atemporales, no ajustados al gusto del oportunismo.
En diversos, demasiados momentos, panistas notables por sus posiciones dentro y fuera del partido, han hecho a un lado algunos de esos principios, sea por razones de intereses personales o de grupo, o por falta de identificación con nuestra doctrina de Acción Nacional. A veces lo han hecho para quedar bien con grupos que piensan contrariamente a los principios del PAN, pensando ganar sus votos, pero perdiendo en realidad lo que quienes comparten el pensamiento panista.
Los principios de doctrina no tienen que ser “revisados”, “actualizados”, o hechos a un lado por motivos personales, promocionales, de acción legislativa o para supuestamente ganar simpatías de campaña o votos electorales. Pero se ha hecho, y en demasiados casos. Esto es destruir el alma de Acción Nacional.
Y es el alma del PAN lo que lo distingue y pone dignamente sobre los otros partidos políticos. México requiere de un partido que defienda los grandes principios sociales, heredados justamente de la doctrina social católica, como siempre se ha reconocido. Defender los derechos primigenios de la gente, comenzando con los que derivan de la dignidad de la persona humana, sobre todo lo que existe, es y debe siempre ser, la razón de ser del PAN.
Los principios de la búsqueda del bien común, la solidaridad, la subsidiariedad, no pueden hacerse a un lado por motivos de conveniencia de imagen o electorales, para presuntamente quedar bien con quienes van en contra de la doctrina del PAN. Y la defensa de la democracia como forma de gobierno, hace demasiada falta dentro del propio panismo.
La defensa de la vida, de la cual dependen todos los demás derechos, de la familia como base esencial de la sociedad, y del matrimonio natural, son temas que el PAN no puede dejar de lado. Más cuando los embates contra el derecho primigenio a la vida, la familia y el matrimonio entre hombre y mujer, están siendo atacados no solamente en el campo ideológico, o de política de gobierno sino lo peor, legislativamente.
Pero no solamente vemos como en demasiados casos dirigentes, voceros o candidatos “se olvidan” de lo que deben defender a toda costa, sino que, en algunos escritos, se ha refraseado la versión correcta de los principios doctrinales, por razones de imagen o de votos. Inaceptable: las declaraciones de principios no se pueden ajustar a un oportunismo malentendido. Lo peor: eso de “darle vacaciones a la doctrina”: una aberración indigna.
La doctrina panista ha mostrado, y volverá a mostrar, que sus principios son eternos, como base esencial de nuestra lucha a favor del bien común de la sociedad.

