Acción Nacional y sus mujeres: María Elena Alvarez † 1930-2026

Desde su fundación en 1939, las mujeres ingresaron al Partido Acción Nacional porque encontraron congruente con su deseo de servir, el trabajo político del Partido; decidieron cooperar sólo por la satisfacción del deber cumplido y con el propósito de cambiar a México.

El Partido contribuyó además, a que muchas mujeres tomaran conciencia de la realidad nacional y trataran de cambiarla, evitando así que se fueran amoldando inconscientemente a las circunstancias. Despertó en muchas de ellas la confianza en la acción y en la viabilidad de la oposición para lograr el cambio.

Con Acción Nacional muchas mujeres han aprendido a vigilar a sus gobernantes, a analizar sus actos de gobierno y a denunciar la ineficacia y la corrupción; especialmente en los municipios y colonias donde la autoridad les es más cercana. Al mismo tiempo se ha apoyado y orientado a las mujeres para que organizadas, logres reivindicar para la sociedad, los espacios de acción ciudadana inde pendientes del gobierno. Les ha ayudado a creer que no es posible que pase sin huella o sin consecuencias, la acción ciudadana con el deseo de servir.

En nuestro tiempo el bienestar y la prosperidad de la Nación mexicana no podrá alcanzarse si la mitad de la población, que son las mujeres, no cuentan con igualdad de oportunidades ni con los apoyos necesarios para alcanzarla. Ninguna Nación ha prosperado marginando o desaprovechando a la mitad de su población. Los países que han considerado como prioridad la agenda de género, han logrado la igualdad reduciendo la pobreza de las mujeres.

En México durante mucho tiempo se crearon estereotipos respecto al papel de las mujeres y los hombres es decir, sobre las formas en que debían pensar y actuar, se esperaba que las mujeres fueran amables, dependientes y sumisas; dedicadas al hogar y a los hijos. Ahora las nuevas generaciones de mujeres tienen menos hijos, atienden a la familia y además luchan por lograr mejoras económicas, sociales y cada vez presencia en el desarrollo del país.

La nueva cultura política que podrá lograr la confianza de la ciudadanía en sus gobiernos se alcanzará con una actitud incluyente de los gobernantes, que al tomar posesión de sus cargos, traten a todos por igual, mujeres y hombres y además, sin importar el partido en el que militen. Se requiere que quien decida siempre sea la ley y que esta se aplique a todas y todos sin excepción. Si esto se hiciera, toda la ciudadanía podría sentir como suya a la autoridad.

Es urgente lograr la igualdad de oportunidades para mujeres y hombres a fin de que en los puestos de toma de decisiones se alcance la paridad, lo cual le daría a México un gran desarrollo no sólo en lo político y en lo social sino en lo económico. México no puede ser la excepción, el mundo está avanzando en este sentido.

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Extracto de su libro “La mujer azul”, original publicado en la Revista La Palabra: Año XXII, No. 93, julio-septiembre 2012. Págs. 94-96

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