Alejandra Reyes Shields es articulista invitada de Plumas Azules
Cada 8 de marzo el mundo se detiene para mirar una realidad que durante demasiado tiempo fue ignorada: la desigualdad, la violencia y las barreras que millones de mujeres enfrentan simplemente por ser mujeres. Pero el 8M no es solo una fecha en el calendario. Es memoria, es conciencia y es una voz colectiva que sigue caminando.
Ser feminista es tan grande como este mundo. Es creer profundamente en la dignidad humana. Es no aceptar que el miedo forme parte de la vida cotidiana de las mujeres. Es entender que la igualdad no es una concesión ni un privilegio, sino un derecho.
Hoy esta causa nos interpela con más fuerza que nunca. En México, la violencia contra las mujeres sigue siendo una herida abierta. Todos los días escuchamos historias que nos recuerdan que muchas mujeres viven con miedo, que demasiadas familias siguen esperando justicia y que aún falta mucho para que la seguridad sea una realidad para todas.
Detrás de cada cifra hay una historia, un sueño interrumpido, una familia que quedó incompleta. Por eso el feminismo no puede reducirse a consignas ni a discusiones superficiales. Es, ante todo, una lucha profundamente humana. Una lucha por la vida, por la seguridad y por la libertad de caminar sin miedo.
Ser feminista también significa no guardar silencio. Significa no tener miedo de levantar la voz y de luchar por lo que creemos justo. Significa entender que cada paso que damos hoy abre camino para las niñas que vienen detrás.
Las mujeres que hoy alzan la voz, que marchan, que trabajan, que educan y que acompañan a otras mujeres forman parte de un movimiento que busca transformar una realidad que durante demasiado tiempo normalizó la violencia y la desigualdad.
Pero también debemos recordar algo fundamental: los derechos no pueden quedarse solo en el papel. Un derecho existe verdaderamente cuando se vive todos los días. Cuando una mujer puede regresar segura a casa. Cuando una niña puede crecer con libertad y oportunidades. Cuando las instituciones responden con justicia, sensibilidad y responsabilidad.
No buscamos que los derechos existan únicamente en las leyes; buscamos que sean derechos vivos, presentes en la vida cotidiana de todas las mujeres.
Desde una visión profundamente humanista, el feminismo no se trata de confrontar, sino de construir. De construir una sociedad más justa, donde la dignidad de cada persona sea respetada y donde hombres y mujeres puedan vivir en igualdad, seguridad y libertad.
El 8M es un recordatorio de lo que se ha logrado gracias a la valentía de muchas mujeres que abrieron camino antes que nosotras. Pero también es un llamado a no conformarnos, a seguir trabajando para cerrar las brechas que aún existen.
Porque mientras haya una mujer con miedo, una niña sin oportunidades o una familia esperando justicia, nuestra responsabilidad sigue vigente.
La lucha por la dignidad de las mujeres no pertenece a un solo día. Es una causa de todos los días. Y es una causa que vale la pena seguir defendiendo.

