Aunque todos los días se debiera dedicar un tiempo para reflexionar sobre la vida, el trabajo, la familia, la santidad y la muerte

Aunque todos los días se debiera dedicar un tiempo para reflexionar sobre la vida,

el trabajo, la familia, la santidad y la muerte, es en el tiempo de cuaresma y

principalmente durante la semana santa, en la que la Iglesia nos conmina a pensar

y actuar como verdaderos cristianos, meditando más en los asuntos espirituales que

en los materiales, más en la santidad que en lo económico, aunque la mayoría

prefiera vacacionar y relajarse en las playas, los paseos y las fiestas. Si bien, este

artículo se pensó primero en un exhorto a lo espiritual, lo cierto es que hay tantas

cuestiones materiales y mundanas que atraen la atención y desvían el pensamiento,

razón por la cual en esta columna se hará referencia a los dos extremos, lo espiritual

y lo relativo a la existencia física en la sociedad.

El Periódico Noroeste publicó el 24 de marzo, un resumen de los actos violentos

que ha sufrido Sinaloa desde el 9 de septiembre de 2024 a la fecha y expone que

se tienen ya los 3 mil homicidios, 3,500 personas privadas de la libertad; 10,259

vehículos robados y 3,388 personas detenidas. Si se hace un cálculo somero del

costo económico de este desastre, tendríamos que hay ya 9,888 personas

perjudicadas, entre muertos, desaparecidos y detenidos, lo cual arrojaría, cuando

menos, más de 8 mil familias afectadas, sin papá, sin mamá, sin algún hijo o algún

hermano; se está hablando de alrededor de casi 9 mil sinaloenses jefes de familia

que han dejado de aportar recursos a sus hogares, a sus familias; si todos ellos

ganaran 2 salarios mínimos al mes, se están dejando de percibir 198 millones de

pesos al mes; y hay que agregar el costo en funerarias de los más de 3 mil

asesinados y el costo de la búsqueda de desaparecidos, el mantenimiento de los

detenidos en prisión, de los miles de desplazados y de personas que han huido.

Calculando también el caso de los 10,259 vehículos robados, con un valor promedio

de 250 mil pesos cada uno, el impacto económico es de más de 2 mil 500 millones

de pesos, y aunque se arguya que se han rescatado muchos de estos vehículos,

también es que muchos de esos robos no se han denunciado ni registrado.

Habría que calcular también el costo de las casas y vehículos destruidos, las casas

abandonadas y vandalizadas, los negocios cerrados y las mercancías robadas o

destruidas; igualmente el costo de las extorsiones, o del costo de los heridos en

hospitales, clínicas y médicos particulares, así como de la caída de la economía al

faltar el “dinero negro” proveniente del narcotráfico. Aunque el Secretario de

Economía del Estado manifestó que no hay emergencia económica, el costo real u

oculto por la inseguridad es tan alto, que tal vez no se catalogue como emergencia

económica, pero para los más de 8 o 9 mil hogares sinaloenses afectados, ha sido

más que una emergencia, una verdadera tragedia familiar y social.Pero como es tiempo de semana santa, es tiempo también de oración para pedir al

creador, al Cristo crucificado y resucitado, al Señor del perdón y de la misericordia,

envíe consuelo y resignación a las familias, madres, esposas, padres y hermanos

de los 3 mil personas que han perdido la vida en esta “guerra” fratricida, que en gran

medida fue provocada por la falta de atención y actuación de las autoridades

responsables, que no cumplieron con su obligación legal y humana de combatir a

tiempo y en su momento la proliferación de la delincuencia.

Pedir al Señor también por los más de 2 mil desaparecidos, por las mujeres

“buscadoras” de sus hijos, de sus esposos, de sus nietos para que el Señor, con su

infinito poder, logre el milagro de que los encuentren vivos o por lo menos, en el

peor de los casos, que encuentren sus restos en alguno de los campos o fosas

clandestinas que en Sinaloa abundan.

Pedir también al Dios de la misericordia su protección y su ayuda por los casi 3,400

detenidos para que sobrevivan en prisión, que sean pronto juzgados con

imparcialidad y sean liberados quienes han sido detenidos injustificadamente.

Invocar a Dios por las mujeres y niños asesinados, algunos de ellos como “daño

colateral”, para que el Señor los haya recibido en su seno y orar por las familias

afectadas por esas muertes sin culpa y sin sentido.

Hay pues mucho que suplicar al creador por tantos de sus hijos sacrificados,

enfermos o detenidos, así como por tantas familias afectadas y pedir también por el

fin de la violencia, por el fin del narcotráfico, de la impunidad y de la indolencia, de

modo que sea posible vivir y morir en la paz del Señor.

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