México ha tenido la extraña capacidad de generar contaminación cognitiva, y de suscitar continuamente entre gran número de los observadores extranjeros las caracterizaciones más confusas e inexactas.

México ha tenido la extraña capacidad de generar contaminación cognitiva, y de suscitar continuamente entre gran número de los observadores extranjeros las caracterizaciones más confusas e inexactas, así le sean éstas favorables o desfavorables, y aun formuladas con la mayor honradez unas que otras.

Esa extraña contaminación cognitiva sin duda no menos de cien comentaristas, escritores, articulistas y editorialistas de periódico, de México, que reaccionen con justa ira frente a juicios malévolos, tendenciosos e interesados del extranjero, aunque estos juicios arranquen de una base existente y comprobable de una realidad. 

No es gratuito añadir que ninguno de estos patrióticos articulistas, editorialistas y escritores dejará de matizar su iracunda contrarréplica con toda suerte de las más especiosas inferencias, observaciones malignas y argumentaciones apasionadas, pues la defensa del país lo justifica todo.

Entonces los poderes actuales de México y sus simpatizantes aplauden con esa media sonrisa satisfecha e hipócrita del jugador a quien no han cogido en la trampa, y este sentirse complacido: “¿ya lo ven? No soy como pretenden hacerme aparecer mis malquerientes”.

Pero en el país tampoco hay ni un solo escritor, articulista o editorialista que, en el caso inverso, aclarezca, rectifique, corrija, enmiende los juicios benévolos, indulgentes, elogiosos, que con notoria inexactitud y falsedad que se publican en el extranjero sobre México y que acto seguido, sin el menor rubor ni inhibiciones morales, reproducen los seguidores del poder, de un criterio autocrítico que le permita comprender determinados fenómenos sociales o políticos del país que, si se toman de un modo literal y sin la dosis de malicia necesaria para advertir lo engañoso de las formas exteriores con que aparecen, no dan otro resultado, cierto e inevitable, que no sea el de fortalecer los supuestos míticos y supercherías ideológicas en las que descansan, mitos y supercherías que los mexicanos.

Como puede verse, la relación equívoca que existe entre la realidad mexicana y la opinión extranjera sobre esa misma realidad no es en modo alguno culpa de la segunda. 

La culpa corresponde íntegramente al mexicano y a una de sus limitaciones sustanciales más graves, más perniciosas y que mayor confusión producen en quien se empeña por comprender al país: la falta de autocrítica. 

El mexicano es incapaz de asumir la autocrítica —y por ende la crítica— ni al nivel del individuo, mucho menos a nivel de país.

La situación existencial inquietante y preocupante, y de incertidumbre respecto a ciertos componentes determinados, en que la crítica y la autocrítica podrían colocarlos, hacen que el mexicano reaccione contra éstas de un modo primitivo e irracional, de incomodidad apenas reprimida y que estalla luego en una tortuosa irritación, indirecta y siempre a través de ambiguas pero malintencionadas formulaciones y argumentaciones, lo que termina por lanzarlo a proteger de todo examen objetivo, cimentando exponencialmente la furibunda reafirmación de sus mitos y el encomio enfermizo y jactancioso —que en lo privado se vuelve soez— de sus propios defectos. 

Hacen que el mexicano reaccione contra éstas de un modo primitivo e irracional, de incomodidad apenas reprimida y que estalla luego en una tortuosa irritación, indirecta y siempre a través de ambiguas pero malintencionadas formulaciones, lo que termina por lanzarlo a proteger de todo examen objetivo en la furibunda reafirmación de sus mitos y el encomio enfermizo y jactancioso —que en lo privado se vuelve soez— de sus propios defectos.

La autocrítica es la herramienta que permite pasar de la superchería (el engaño) a la estrategia (la solución). 

Como bien indica la metodología de mejora continua en el pensamiento crítico, evaluar nuestras propias premisas es el único camino para no repetir los errores del pasado.

Después de volver a analizar las acciones, narrativas, volvemos al problema de la total, la absoluta falta de crítica de los intelectuales, analistas y personeros del mismo partido en el poder, y de autocrítica en México, lo que nos lleva a la tarea de empezar a realizar la crítica de las realidades del país, cualesquiera su profundidad y negatividad que tenga.

Solo así podemos empezar a reconocer los problemas y encaminarnos a la búsqueda de las soluciones.

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