Aunque el tema del agua dulce ha sido ya muy comentado y estudiado a nivel
mundial e igualmente en México, conviene recordar algunos conocimientos y
reevaluar sus resultados en estos 25 años del siglo 21; para ello me permitiré
consultar el artículo “Los conflictos por el agua o la guerra del futuro” del investigador Rodrigo García Rodríguez, en el que afirma que “Dentro de los temas ambientales, el agua es uno de los más sensibles” y “según reporte del Banco Mundial, la carestía del agua dulce es la más grande amenaza para la producción
de alimentos y para la salud del hombre”
.
Expone también el autor los datos ya conocidos de que en nuestro planeta más del
70% de su constitución es agua, “sólo una mínima parte de ella es potable y
accesible para el ser humano”; el 97.5% del total del agua es salada y el 2.5% es
agua dulce, pero de esa poca cantidad, más del 70% no se puede utilizar pues está
muy profunda o congelada en los polos y glaciares, mismos que, con el cambio
climático están en proceso de deshielo vertiéndose en los mares y este es uno de
las consecuencias más graves, pues las grandes reservas de agua dulce se están
perdiendo irremediablemente; concluyó el autor desde hace 20 años que “si nada
se hace, dos tercios de la humanidad sufrirá tremendos problemas en el 2025”, es
decir, ya estamos en ello, pues se estima que “el cambio climático representará 20%
del aumento de la escasez del agua para el año 2025”
Los sectores que más agua utilizan son: el doméstico con el 2% del uso del agua
dulce; el industrial con más de 6% y la agricultura y ganadería que utilizan más del
70% del agua; está pues muy claro que todo lo que se haga en este último sector
sería lo más eficaz, es decir, cada peso de inversión pública y privada en la
tecnificación de la agricultura, principalmente, tendría efectos muy importantes en
el ahorro del agua, no sólo para este tiempo, sino para el futuro. La tecnología ya
existe, aunque requiere inversión, educación y capacitación de los campesinos
acostumbrados a regar por gravedad los cultivos, desperdiciando millones de
metros cúbicos de agua que pudieran ahorrarse con los métodos de riego por
aspersión y más aún, con el riego por goteo y la agricultura intensiva protegida y
controlada.
Hay mucho por hacer a través del control del desperdicio de agua en hogares e
industrias, en la vigilancia de la contaminación tanto industrial como doméstica y
urbana y salvar las corrientes y depósitos de agua en lagos, presas, ríos,
manantiales, etc., e igualmente hay mucho por hacer en cuanto al cuidado del clima,
que está desequilibrando los tiempos y condiciones de lluvias, nevadas y deshielos.
Según estudios de la CEPAL, citado por el autor, “sólo la cantidad de agua que se desperdicia en la Ciudad de México, sería suficiente para proveer de agua a una ciudad del tamaño de Roma”, pero no parece que en México aprendamos la lección pues en 2023 y 2024 el problema de la escasez del agua en el Valle de México fue
dramático: las reservas en lagos, lagunas, presas y ríos disminuyó dramáticamente,
lo que provocó, precisamente “pequeñas guerras interiores” por el agua y el llamado
“huachicol”, robándose el agua, vendiéndola muy cara y en muchos casos, al bajar
los niveles subterráneos, éstos se contaminaron con aguas negras; finalmente la
presencia de una buena temporada de lluvias solucionó temporalmente el problema,
pero no parece que se están llevando a cabo planes efectivos para evitar el excesivo
desperdicio, la criminal contaminación y el cuidado del clima. La buena temporada
de lluvias en 2025 no fue generalizada en toda la república, pues buena parte del
norte del país sigue sufriendo sequías y el sureste en cambio sufre de inundaciones
constantes y todavía peor, se tiene la falta de cuidado en la operación de la refinería
en Tabasco que acaba de sufrir explosiones e incendio, por fugas de hidrocarburo
lo que está contaminando el Río Seco y una zona de las costas del Golfo de México,
dañando el ecosistema y la biodiversidad y afectando a miles de pescadores de las
zonas afectadas.
Aquí mismo en Sinaloa, las presas en el Estado tienen apenas un 18% de agua,
insuficiente para regar los miles de hectáreas de maíz, hortalizas, garbanzo, sorgo,
etc.; en el valle de Culiacán, las tres presas sólo cuentan con el 16% de reserva de
agua, que tal vez alcance para el riego agrícola si las lluvias de julio llegan a tiempo.
Urge que gobierno, agricultores y ciudadanos tomemos conciencia de cuidar el
“tesoro del agua dulce”
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