Leon XIV propone a tentación del poder como dominio en vez de servicio y a la acumulación de mayores espacios de avasallamiento de otros pueblos.

Durante la Semana Santa 2026, hubo un mensaje papal de grueso calibre, por el impacto que cada mañana difunden los noticieros y las redes sociales. El clima de violencia, el ambiente de corrupción, el tufo que van dejando uno y otro día de guerras incomprensibles, ciertamente, llevan a elevar la voz y a actuar construyendo una paz que parece imposible de lograr.

Y en medio de ese clima denso a nivel mundial, vino el llamado urgente de Leó XIV: es urgente abandonar la violencia y las guerras. Y vino e razonamiento de fondo. La humanidad empieza a decantarse en un clima de indiferencia brutal. 

Frente al sufrimiento y muerte de miles de seres humanos, ya nada asombra, nada estremece y no hay algo que sacuda el corazón para moverse hacia la paz. 

Y en paralelo, se fomenta e incrementa sin límites, la división y el odio. No hay, sostiene el Pontífice, una inquietud o alguna tendencia por elegir la paz y el diálogo como sendero de esperanza. No es la esperanza que aguarda a que algo venga del exterior de los seres humanos y componga todo el destrozo que se ha hecho. 

Por ello mismo, la celebración de la Pascua tiene un profundo significado como Esperanza. La resurrección de Cristo, además de derrotar la muerte, implica un fuerte sentido de vida delante la misma muerte y la violencia. De aquí, el urgente llamado a edificar la paz dejando de construir la guerra entre los hombres. El mensaje fue para todas y todos, pero especialmente, teledirigido hacia los líderes y autoridades de todos los pueblos del mundo.

EN EL CENTRO DEL LLAMADO 

Los destrozos de la guerra, las hambrunas, la destrucción, los cientos de cuerpos mutilados y los incendios provocados por el estallido de los ataques aéreos o los drones armados, ya se aprecian como algo cosmético que da color a la nota informativa para incrementar el raiting. Eso no emociona ni conmociona…ya no asombra ni sacude el alma ver la muerte y la destrucción… ya no importa, porque “todo eso” es parte del acontecer internacional donde se ha extraviado el sentido de la compasión por los demás…. Ha ganado la indiferencia…ésa que cuando se presenta, simplemente mata.

La sociedad se vuelve refractaria frente a la debacle provocado por la violencia y la muerte.

LAINDIFERENCIA DE LA SOCIEDAD

El dolor ajeno y el sufrijiento de cientos de miles de seres humanos, se convierte en algo que es parte de la coreografía de la información… Solo que este tipo de indiferencia sostiene el Pontífice, acaba por convertirse en una forma adicional de complicidad que perpetúa el clima de violencia y muerte. Es el impacto fuerte de la nota, el color de la redacción…nada más importa ya.

APORTES PARA UNA COSMOVISIÓN

León XIV propone tres senderos fundamentales en aquel mensaje de Semana Santa¨Uno, para aquellos que tienen el poder de desencadenas las guerras…les pide elegir la paz.

Un paso previo radica en dejar de lado cualquier inquietud o disposición a la pugna y la disputa, a la tentación del poder como dominio en vez de servicio y a la acumulación de mayores espacios de avasallamiento de otros pueblos. La razón salta a la vista La paz derrota siempre al odio.

La extensión al caer en las actitudes de indiferencia, son severamente delicadas, porque en principio, las injusticias se aprecian como “algo normal del momento”.

Cuando las y los ciudadanos callan, guardan silencio, voltean la mirada a cualquier otro lado, sucede siempre que las estructuras de la injusticia se consolidan y se vuelven, eventualmente, indestructibles. Por supuesto, la indiferencia, debilita y acaba por fracturar la convivencia democrática y pacífica.  Algo fundamental: La apatía de los ciudadanos se convierte en una invitación abierta a los regímenes autoritarios. El caso mexicano es ilustrativo en este sentido, porque, además, la comunidsd humana se va deshumanizando irremediablemente. De ahí que también, la indiferencia política y social resulte tan dañina para todos. Se acaban por leucemia las acciones de justicia, amor, fraternidad y respeto, de solidaridad y cercanía con los más prójimos.

Por ello, la indiferencia -disculpando la herejía- debería ser también el octavo pecado capital.

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