El Parlamento de Gales avanza en una propuesta histórica que busca sancionar a los funcionarios públicos cuando se demuestre que han mentido de manera intencional. Las consecuencias podrían ir desde la suspensión temporal hasta la pérdida del cargo.
La iniciativa nace tras años de declaraciones falsas sin consecuencias reales y tiene como objetivo principal recuperar la confianza de la ciudadanía en sus representantes. De aprobarse, los legisladores que emitan afirmaciones deliberadamente engañosas podrían enfrentar procesos formales de rendición de cuentas, incluyendo sanciones administrativas e incluso la destitución.
Aunque todavía se están definiendo los mecanismos exactos de aplicación, la propuesta ya ha despertado atención internacional y reaviva el debate en otros países sobre la necesidad de exigir mayor transparencia, ética y responsabilidad legal en la política.
Un posible punto de inflexión en la forma de exigir honestidad a quienes gobiernan.

