Como pocas veces en su historia, Estados Unidos está movilizando su impresionante flota bélica acercándola a los más diversos conflictos políticos, en plan amenazante. Esto nunca lo habíamos visto y sucede en la presidencia de Donald Trump en forma tan frecuente que ya comenzamos a verlo como algo normal.
Hoy día Estados Unidos tiene presencia en los mares del mundo, con una docena de porta aviones nucleares, y el gran buque Gerald Ford que no tiene parangón en la historia, casi como cuando peleaba en la Segunda Guerra Mundial que en 1945 traía navegando 6 mil 700 buques de guerra de diferentes tipos, con destructores, portaaviones y submarinos todos con el sello US Navy.
“El tío Sam” es el nombre con el que los norteamericanos se refieren coloquialmente a su nación cuando hablan de combates. Este nombre o apodo viene desde la guerra contra los ingleses entre los años 1812 y 1815, que UK -Gran Bretaña- apoyaba a los indígenas y Estados Unidos inició un reclutamiento forzoso de marines.
En esa guerra, hubo un comerciante Samuel Wilson, quien obtuvo la concesión del suministro de alimentos a las tropas norteamericanas que, durante la lucha esperaban siempre con ansia su llegada.
Desde luego que la coincidencia del nombre fue la base del apodo, pues a Wilson le decían ‘tío Sam’ que en su idioma es ‘uncle Sam’ cuyas iniciales US permitieron un juego ingenioso de palabras, pues estas iniciales coinciden con las de Estados Unidos (U. S.), que siempre estaban pintadas en los carros de aprovisionamiento.
Al término de la guerra algún soldado ingenioso decía en broma cuando veía algo propiedad del gobierno marcado con sus iniciales, que el Tío Sam había hecho una gran fortuna con la concesión de suministrar la comida al ejército.
Esta puntada se convirtió en chiste pero con el tiempo se le quedó a Estados Unidos entre las tropas el ‘nombre’ de Tío Sam.
Y ahora bien se podría decir que el Tío Sam anda de mal humor y busca más concesiones, ahora de petróleo y minas de minerales raros.

