La historia de la humanidad en el siglo XXI está siendo escrita sobre las ruinas de los convenios, los pactos y, desde luego, la Carta o Estatuto fundacional de la ONU.
Las violaciones sistemáticas en el ámbito del derecho internacional y las relaciones diplomáticas han sido constantes en los últimos años y continúan en este inicio de 2026.
Los principios fundamentales estipulados en la Carta de la ONU, desde su nacimiento en 1945, se basan en la premisa de que «el derecho está por encima de la fuerza».
Sin embargo, en los últimos 15 años, el mundo ha transitado hacia una narrativa de los hechos que sugiere que «la fuerza define el derecho».
En este periodo (2011-2026), diversas naciones han cometido acciones que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha calificado como violaciones directas a su Carta constitutiva.
Las transgresiones más recurrentes involucran el uso de la fuerza contra la soberanía territorial y el incumplimiento de resoluciones de paz.
Veamos algunas de ellas:
- Rusia: Su invasión a gran escala de Ucrania, iniciada en 2022, y la previa anexión de Crimea en 2014 han sido señaladas como las violaciones más graves a la integridad territorial en el siglo XXI. Esto demuestra que un miembro permanente del Consejo de Seguridad puede ignorar la prohibición del uso de la fuerza si posee poder nuclear y derecho al veto.
- Israel: Ha sido incluido en listas de países que violan los derechos de los niños en conflictos armados y los derechos de la población en general. Ha enfrentado resoluciones por la expansión de asentamientos y sus acciones militares en Gaza, las cuales han generado una acumulación de resoluciones incumplidas. En estos casos, la protección de civiles —corazón de la misión de la ONU— se ha visto subordinada a objetivos militares y territoriales.
- Nicaragua y Venezuela: Han sido señaladas por la ONU debido a violaciones graves de derechos humanos. Al retirarse de sistemas de protección internacional, han optado por el aislamiento jurídico y han convertido sus fronteras en muros de impunidad, desafiando el propósito de la ONU de promover el respeto universal a las libertades fundamentales.
- Otros regímenes sancionados: Países como Irán, República Democrática del Congo, Sudán del Sur y Malí han mantenido regímenes de sanciones por amenazar la paz y la seguridad internacionales.
- Estados Unidos: A la luz del derecho internacional, la reciente operación militar de Estados Unidos en enero de 2026 (conocida como «Determinación Absoluta» o Absolute Resolve), que culminó con la captura y extracción de Nicolás Maduro en Caracas, es calificada por juristas y organismos como una violación múltiple y gravísima a los principios fundamentales de la coexistencia global.
Lo que comenzó como una serie de excepciones a la norma se ha transformado en una escalada de violaciones sistemáticas que han dejado la Carta de la ONU como un documento de propósitos más que de compromisos; de intenciones más que de obligaciones.Desde hace ya varias décadas, el problema no es que el mundo carezca de leyes, sino que no hay voluntad para cumplirlas.
Presenciamos una escalada de violaciones gravísimas a los principios de la coexistencia global: la violación del principio de no intervención y soberanía, la transgresión de la inmunidad de jurisdicción y el uso prohibido de la fuerza (no solo militar, sino social, económica y cultural).
Esto se manifiesta en una escalada exponencial de cinismo e hipocresía política.
Cuando las grandes potencias y los regímenes regionales eligen qué artículos de las leyes obedecer y cuáles ignorar, el derecho internacional deja de ser un escudo para los débiles y se convierte en una anuencia para los fuertes.
La narrativa actual es la de un mundo que, habiendo olvidado las lecciones del siglo pasado, camina peligrosamente hacia una nueva era de anarquía, violencia, deshumanización y pérdida de la paz, estructurada sobre la ausencia de libertades y derechos humanos.
La ausencia de una autoridad mundial con capacidad de imponer sanciones y hacer valer los tratados provoca que los acuerdos internacionales sean, en última instancia, frágiles, provisionales y sujetos a la fluctuación de intereses nacionales.
Esta dialéctica no solo perpetúa un ambiente de desconfianza, sino que subraya la constante amenaza de inestabilidad, lo que resulta en pérdidas humanas y desplazamientos masivos.
Esto nos lleva a cuestionar la posibilidad de alcanzar una paz, seguridad y progreso duraderos.
Conclusión: Lo que hoy presenciamos no es la desaparición de la ONU, sino su irrelevancia e incapacidad operativa, el sistema ha pasado de ser un «árbitro con silbato y tarjetas» a un «forense de tragedias».
Mientras la voluntad política de las potencias no se someta nuevamente a la justicia internacional y a su Carta, persistirán las violaciones que hoy son la regla.
Es urgente revertir este incumplimiento, pues representa una amenaza latente para la humanidad.
Debemos transformar la anarquía y la violencia global en una cultura de observancia de las leyes, estableciendo una nueva era de institucionalidad, paz y respeto.Conclusión: Lo que hoy presenciamos no es la desaparición de la ONU, sino su irrelevancia e incapacidad operativa, el sistema ha pasado de ser un «árbitro con silbato y tarjetas» a un «forense de tragedias».
Mientras la voluntad política de las potencias no se someta nuevamente a la justicia internacional y a su Carta, persistirán las violaciones que hoy son la regla.
Es urgente revertir este incumplimiento, pues representa una amenaza latente para la humanidad.
Debemos transformar la anarquía y la violencia global en una cultura de observancia de las leyes, estableciendo una nueva era de institucionalidad, paz y respeto.

