A pesar de los compromisos internacionales y los avances legislativos en múltiples países, casi 138 millones de niños y niñas continúan atrapados en el trabajo infantil a nivel mundial, una cifra alarmante que evidencia que esta problemática sigue siendo una deuda pendiente de la comunidad internacional.
De acuerdo con los datos más recientes de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y UNICEF, aproximadamente 54 millones de estos menores realizan trabajos peligrosos, es decir, actividades que ponen en riesgo su salud, su seguridad y su desarrollo físico y emocional. Estas labores incluyen desde la agricultura intensiva y la minería, hasta la construcción, el trabajo doméstico forzado y la explotación en economías informales.
La pobreza y la desigualdad, las principales causas
El trabajo infantil está estrechamente vinculado a la pobreza, la falta de acceso a educación de calidad, los conflictos armados, las crisis económicas y el desplazamiento forzado. En muchos contextos, las familias recurren al trabajo de sus hijos como un mecanismo de supervivencia ante la ausencia de ingresos suficientes y redes de protección social.
Las regiones más afectadas siguen siendo África subsahariana, que concentra casi la mitad de los casos, seguida de Asia y el Pacífico, así como América Latina y el Caribe, donde si bien hubo avances en décadas anteriores, los retrocesos recientes han encendido las alertas.
Impacto de la pandemia y crisis globales
Expertos señalan que la pandemia de COVID-19, sumada a la inflación global, el aumento del costo de vida y los conflictos geopolíticos, provocó un estancamiento —e incluso retrocesos— en la erradicación del trabajo infantil. Millones de niños abandonaron la escuela y se incorporaron prematuramente al mercado laboral, muchos de ellos en condiciones informales y sin protección alguna.
“El trabajo infantil no solo roba la infancia, también perpetúa los ciclos de pobreza y desigualdad”, advierte la OIT, al señalar que los menores que trabajan tienen menos probabilidades de acceder a educación, empleos dignos y mejores condiciones de vida en la adultez.
Un reto global que exige acciones urgentes
Aunque la comunidad internacional se comprometió a erradicar el trabajo infantil para 2025, la meta luce cada vez más lejana si no se refuerzan las políticas públicas, la inversión social y los sistemas de protección a la infancia.
Organismos internacionales hacen un llamado a los gobiernos para fortalecer la educación gratuita y obligatoria, ampliar los programas de apoyo económico a familias vulnerables, garantizar empleos dignos para adultos y combatir las cadenas productivas que se benefician del trabajo infantil.
Mientras no se tomen medidas estructurales y sostenidas, millones de niños y niñas seguirán viendo su infancia sustituida por jornadas laborales, una realidad que contradice los derechos humanos más básicos y que demanda una respuesta inmediata y coordinada a nivel global.

