Yevgueni Zamiatin, escritor ruso nacido en 1884, anticipó la literatura distópica con Nosotros, una novela censurada que influyó en Orwell y Huxley.

Lebedyan, Rusia, 1884. En una pequeña ciudad del Imperio ruso nació Yevgueni Ivánovich Zamiatin, un escritor y ensayista que, décadas antes de que la palabra distopía se volviera común, ya había advertido los peligros de un futuro dominado por el control absoluto, la razón llevada al extremo y la anulación del individuo. Su obra más célebre, Nosotros, lo convirtió en un referente incómodo para el poder y en un pionero de la literatura del siglo XX.

Ingeniero naval de formación, Zamiatin combinó la precisión científica con una imaginación ferozmente crítica. Esa dualidad marcaría toda su obra: una prosa afilada, irónica, capaz de diseccionar los sistemas políticos y sociales con la frialdad de un bisturí y la sensibilidad de un poeta.

Un revolucionario crítico

Zamiatin simpatizó inicialmente con la Revolución rusa de 1917. Como muchos intelectuales de su tiempo, vio en ella la promesa de una sociedad más justa. Sin embargo, pronto se convirtió en uno de sus críticos más lúcidos. Para él, el verdadero peligro no era solo el viejo autoritarismo, sino la posibilidad de que la revolución derivara en un nuevo dogma, aún más rígido y deshumanizante.

Esa preocupación cristalizó en Nosotros (escrita entre 1920 y 1921), una novela ambientada en un Estado Único donde los ciudadanos —identificados por números, no por nombres— viven bajo vigilancia permanente, en casas de cristal, con horarios estrictos y emociones reguladas por el poder. La individualidad es vista como una enfermedad; la imaginación, como un crimen.

La novela que incomodó al poder

Publicada primero en el extranjero, ya que fue censurada en la Unión Soviética, Nosotros se adelantó a obras clave del siglo XX como Un mundo feliz de Aldous Huxley y 1984 de George Orwell. Ambos autores reconocieron la influencia directa de Zamiatin, aunque durante años su nombre permaneció en segundo plano, silenciado por razones políticas.

La reacción del régimen soviético fue contundente: Zamiatin fue marginado del panorama literario, se le prohibió publicar y se convirtió en un símbolo de la represión cultural. En 1931, tras solicitar personalmente permiso a Stalin, logró salir del país. Murió en el exilio, en París, en 1937, prácticamente olvidado.

Vigencia de una advertencia

Hoy, Nosotros se lee como una profecía inquietante. En una era marcada por la vigilancia digital, la estandarización del pensamiento y la fe ciega en la tecnología, la obra de Zamiatin resulta más actual que nunca. Su advertencia no iba dirigida únicamente a un sistema político específico, sino a cualquier sociedad que sacrifique la libertad en nombre del orden perfecto.

Más que un novelista, Yevgueni Zamiatin fue un intelectual incómodo, un escritor que entendió que la literatura no está para tranquilizar al poder, sino para cuestionarlo. Su legado persiste como un recordatorio: cuando el Estado pretende regular incluso los sueños, la imaginación se convierte en un acto de resistencia.

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