enero 9, 2026
A 40 años de la muerte de Juan Rulfo, su obra sigue viva. Con Pedro Páramo y El llano en llamas, cambió para siempre la literatura mexicana.

Este 7 de enero se cumplen 40 años de la muerte de Juan Rulfo, uno de los escritores más influyentes de la literatura mexicana y latinoamericana. Aunque su obra publicada es breve, su impacto ha sido profundo y duradero: Rulfo transformó la manera de narrar el México rural, dio voz a los olvidados y dejó una huella que aún resuena en escritores, lectores y estudiosos de todo el mundo.

Nacido en 1917 en Apulco —hoy parte del municipio de San Gabriel, Jalisco—, Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno creció en un entorno marcado por la violencia posrevolucionaria y la Guerra Cristera. Esa experiencia temprana de desolación, orfandad y silencios se convertiría más tarde en el corazón de su literatura. En sus textos, el campo mexicano no es un paisaje idílico, sino un territorio árido, poblado de fantasmas, culpas y memorias rotas.

Su obra narrativa se concentra esencialmente en dos libros que cambiaron para siempre la literatura en español. El llano en llamas (1953), su primer volumen de cuentos, retrata con crudeza y poesía la vida de campesinos, peones y soldados atrapados en la pobreza y la violencia. Relatos como “Diles que no me maten”, “Nos han dado la tierra” y “Talpa” revelan una prosa contenida, precisa, donde cada palabra parece medida al extremo. Rulfo logró mostrar el drama humano sin excesos retóricos, apoyado en el habla popular y en un silencio narrativo que dice tanto como las frases escritas.

Dos años después, en 1955, publicó Pedro Páramo, la novela que lo consagró como un clásico universal. Ambientada en el pueblo fantasma de Comala, la obra rompe con la linealidad del tiempo y mezcla voces de vivos y muertos en un mismo plano narrativo. La historia de Juan Preciado, que llega en busca de su padre, se convierte en un viaje al pasado, a la culpa y a la descomposición moral de un cacique y de toda una comunidad. Con esta novela, Rulfo se adelantó a recursos que más tarde serían asociados al llamado “boom latinoamericano” y al realismo mágico, influyendo directamente en autores como Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa.

Además de escritor, Juan Rulfo fue un destacado fotógrafo y un atento observador de la realidad mexicana. Sus imágenes, al igual que sus textos, capturan pueblos vacíos, paisajes secos y rostros marcados por la vida dura del campo. También trabajó durante años en el Instituto Nacional Indigenista, lo que reforzó su conocimiento profundo de las comunidades rurales y su sensibilidad hacia los sectores marginados.

Rulfo murió en 1986 en la Ciudad de México, dejando tras de sí una obra corta, pero inagotable en interpretaciones. A cuatro décadas de su fallecimiento, sus libros siguen reeditándose, estudiándose y leyéndose con asombro. En un país que aún enfrenta desigualdad, violencia y olvido, las historias de Juan Rulfo continúan dialogando con el presente.

Cuarenta años después de su muerte, Juan Rulfo no es solo un autor del pasado: es una voz vigente que sigue hablándonos desde el llano, desde Comala, desde ese México profundo que, gracias a su literatura, nunca quedó en silencio.

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