No y no, y no, y no. La lista es interminable con un régimen devastador. Pero a pesar de todo este desastre sí hay una luz al final del túnel. La actividad ciudadana es el único antídoto ante todo esta labor de devastación y erradicación. El agua se ha seguido calentando y está a punto de ebullir.
Por eso ha llegado el tiempo límite para brincar y no dejarnos ser cocinados en vivo. Porque debemos ser conscientes de que todo lo malo que ha sucedido y todo lo que no pasa y arriba hemos descrito, en gran medida es fruto de la tolerancia de una ciudadanía que ha permitido estos abusos sin consecuencias reales para los responsables. Pero esto tiene que cambiar ya y la última aduana posible es la elección intermedia de 2027.
Si no logramos botar mediante el voto a quienes han abusado de su poder, entonces muy probablemente veamos una dinámica que dure décadas y en las que el país no vea una salida realista a un problema de un calado realmente complicado. Y entonces sí entenderemos el verdadero y terrible significado de lo que no pasa. No queremos estar ahí. No debemos permitirlo. Nos toca actuar y no depender de terceros.

