Tiempos ominosos para una América Latina y Caribe profundamente dividida. Nadie en el continente está dispuesto a aceptar un protectorado de EU.
EU emprendió la operación “Resolución Absoluta” para extraer de Venezuela a Nicolas Maduro, su esposa Cilia Flores y llevarlos a EU donde serán juzgados por acusaciones de: 1) Conspiración de narcoterrorismo; 2) conspiración de importación de cocaína a EU; 3) posesión de armas y dispositivos destructivos; 4) conspiración para posesión de armas y dispositivos destructivos. Son también coacusados, Diosdado Cabello, Ramon Rodríguez Chacín, Nicolás Maduro Guerra y Héctor Rutherford Guerrero, líder del Tren de Aragua.
Desde el punto de vista militar, la operación fue un éxito para el ejército de EU que la realizó a través de su fuerza Delta con un apoyo de 150 aviones y helicópteros y la presencia naval en el Caribe.
La justificación de EU era cumplir con una orden de arresto en contra de los acusados y, por ello, la administración Trump no solicitó la autorización correspondiente al Congreso de EU, al no considerarla una acción de guerra. Es un argumento que pocos aceptan tanto en EU como en la comunidad internacional.
Tal como lo he escrito, el gobierno de EU fue construyendo una argumentación jurídica para sus intereses, sin tener en cuenta el derecho internacional, y basándose solo en su legislación interna. Declaró a los cárteles organizaciones terroristas, incluyendo al Cartel de los Soles, nombró a Nicolas Maduro como el líder de ésta, ofreció una recompensa de hasta 50 millones de dólares por su captura, lo convirtió en un criminal. El gobierno de Trump aplicó extraterritorialmente su legislación y argumentación jurídica cuestionable, desconociendo a su Congreso y al derecho internacional.
Maduro por su parte, cometió varios errores. Además de reprimir a su pueblo y causar una migración sin precedente, durante años engañó a varios de los países que de buena fe propiciaron negociaciones para una transición democrática pacífica en Venezuela. Incumplió los acuerdos de Barbados propiciados por Noruega con el acompañamiento de México, Brasil y Colombia entre otros países. Al perder las elecciones de 2024, se negó a reconocer el triunfo de Edmundo González Urrutia y a mostrar las actas de votación que la oposición sí exhibió. Ello después de bloquear la candidatura de María Corina Machado a la presidencia. Era, por tanto, un presidente ilegítimo. Además, se conocía el control que ejercían los servicios secretos cubanos en la inteligencia y fuerzas armadas venezolanas, la guardia pretoriana de Maduro que, finalmente, no funcionó.
Si bien la transición tras la caída de Maduro debía ser tersa, lo dicho por Trump en la conferencia de prensa del sábado por la noche, despreciando el liderazgo de María Corina Machado, a la que no perdona haber obtenido el Premio Nobel de la Paz y sin referirse al presidente elegido en 2024, Edmundo González Urrutia, y subrayando que EU gobernará Venezuela hasta lograr una transición pacífica y ordenada, que su gobierno a través del secretario de Estado, mantiene contacto con la vicepresidenta Delcy Rodríguez, otra criminal, y que EU estaría gobernando Venezuela hasta lograr una transición ordenada y pacífica, así como su énfasis en el tema del control de los recursos petroleros de Venezuela, terminaron por hacer más cuestionable la operación estadounidense. Muchos se sintieron traicionados.
La acción de EU es claramente violatoria del derecho internacional y de la Carta de Naciones Unidas. Nadie quiere ni aspira a un protectorado de EU en Venezuela. Los venezolanos son capaces de transitar pacíficamente hacia la democracia. EU no debió negociar con Delcy Rodríguez. El hecho de que ni ella ni su hermano Jorge hayan sido acusados por EU, lleva a pensar que fueron los que finalmente entregaron a Maduro a EU.
Desde meses atrás había una lucha soterrada entre Marco Rubio y Richard Grenell por la política hacia Venezuela. A este último solo le interesaban los negocios para las petroleras. Parecía que Marco Rubio había ganado, pero Trump -más hombre de negocios que de Estado-, pareció privilegiar los intereses petroleros.
En la conferencia se mencionó de nuevo la mal resucitada Doctrina Monroe y el absurdo Corolario Trump que terminarán en fracaso. Ninguna democracia se impone por la fuerza, no debe mezclarse la lucha contra el crimen organizado con la ambición por controlar los recursos naturales de Venezuela y la región.
POR MARTHA BÁRCENA
