enero 7, 2026
Cuando una nación se fractura y va a un conflicto civil no solo destruye la paz, sino que entrega las llaves de la soberanía a intereses ajenos, que solo buscan explotar el caos e invita a potencias extranjeras a aprovecharse de nuestras riquezas y usar el suelo como tablero, donde somos peones en el ajedrez de la geopolítica universal.

Por Ernesto Cerda

En la historia de la humanidad ha habido tiempos donde la penumbra en el mundo se explicaba, como ese espacio seguro llamado gris, donde las verdades no necesitaban ser absolutas y las dudas y críticas, como el motor del saber, la inteligencia y del progreso humano.

Pero el ocaso de los grises ha llegado para la gama, la penumbra de la racionalidad es el último refugio, antes de que el mundo se divida definitivamente en luz cegadora u obscuridad absoluta.

Estamos en un tiempo de oscurama, que es un término que evoca una oscuridad que comienza a extenderse en todo el mundo. 

Nuestro México no ha escapado a esta oscuridad.

En los claroscuros de la historia, los humanos encontraban cobijo, pero hoy esa luz mortecina ha sido reemplazada por un destello violento, que elimina cualquier sombra, donde la duda, los puntos medios y la crítica solían florecer, que tiene como resultado un mundo de polos opuestos, donde existen solo el blanco o negro.

Un ejemplo de destellos violentos es las operaciones realizadas por EEUU en Venezuela.

Estamos entrando a un nuevo orden, donde el gris ha sido desterrado por decreto de la inmediatez, donde en política ya no se permiten las medias tintas; los rostros han perdido sus sombras y las ideas su profundidad. 

Todo es blanco o negro, amigo o enemigo, sagrado o profano. 

Hemos quemado los puentes de la incógnita, de la crítica, de los matices, olvidando que es precisamente en el gris donde reside la condición humana: esa mezcla imperfecta de virtud y error.

Está pérdida tiene implicaciones: 
  • En lo político: la polarización radical donde el diálogo desaparece;
  • En lo filosófico, el fin del pensamiento crítico, pues este requiere analizar las contradicciones que se dan en la multitud de los grises;
  • En lo psicológico: se consolida la «rigidez cognitiva» o cómo el cerebro se agota al no poder procesar la complejidad, una solución rápida a problemas complejos que enfrente la sociedad.
  1. Polarización social e ideológica: Refuerza la división entre grupos, haciendo más difícil el diálogo y el consenso.
  2. Dogmatismo e intolerancia: Las personas de pensamiento binario tienden a tener opiniones muy seguras y simples y pueden ser intolerantes con quienes piensan diferente.
  3. Dificulta la negociación: Obstaculiza la búsqueda de acuerdos y soluciones pragmáticas, ya que cualquier concesión se ve como una traición o un fracaso de la ideología.
  4. Propiciar el populismo: Este pensamiento a menudo es explotado por movimientos populistas, que presentan el mundo como una batalla entre «el pueblo puro» y «las élites corruptas», sin espacio para la complejidad o la crítica matizada.
  5. Creación de «burbujas ideológicas»: Las personas tienden a consumir información que confirma sus creencias binarias, evitando representaciones de ideas que introduzcan matices o contradicciones de su ideología.

En un mundo de contrastes violentos, quien no brilla con la luz oficial es tragado por la sombra total. 

La complejidad ha sido simplificada hasta el absurdo, y en esa limpieza cromática nos lleva a violencia, a falta de empatía, a la pérdida de la complejidad intelectual; la persona se ve obligada a elegir bandos extremos, nos deshumanizamos; en fin, vamos en camino de quedarnos sin alma y sin futuro.

En una guerra interna de un país, el mayor daño no son los edificios, fábricas o bienes destruidos, sino la ruptura de la confianza básica, que es sentido de pertenencia, la esperanza. 

Una consecuencia, una vez que el miedo se instala entre conciudadanos, toma generaciones volver a creer en el «otro». 

Se destruye el capital humano y social, que permite la cooperación; gane quien gane, el resultante es solo la mitad de lo que era. 

Se pierde talento, diversidad y fuerza económica. 

La «victoria» suele ir acompañada de una represión eterna para evitar que el bando derrotado se levante, convirtiendo al ganador en un carcelero. 

El pensamiento dicotómico reduce problemas complejos a opciones binarias: bueno/malo, correcto/incorrecto, héroes/villanos, de estás conmigo o estás contra mí, hace que la guerra necesite una «limpieza necesaria» de los adversarios y dar una solución rápida a problemas complejos que enfrente la sociedad.

Las condiciones por las que nuestro país atraviesa es estar construyendo o provocando una fractura, y la historia nos enseña que cuando una nación se fractura y va a un conflicto civil no solo destruye la paz, sino que entrega las llaves de la soberanía a intereses ajenos, que solo buscan explotar el caos e invita a potencias extranjeras a aprovecharse de nuestras riquezas y usar el suelo como tablero, donde somos peones en el ajedrez de la geopolítica universal.

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