noviembre 30, 2025
la doctora Sofía Reding, investigadora de la UNAM su alumno de licenciatura le plagio trabajos academicos

Unas reflexiones antes de entrar en materia del plagio a la doctora Sofía Reding. A ver, una cosa es que alguien cite tus textos, tus conferencias o pláticas como un respaldo profesional, reconociendo al autor y otra es que a alguien que le gustan tus ideas, tus reflexiones académicas se las robe, las plagie sin miramiento ni reconocimiento alguno. Y siendo siempre motivo de enojo el que te plagien lo es más cuando ese delito lo comete alguien cercano a ti.

Lo curioso es que a un plagiario no se le ocurra que el hecho sea descubierto, y reconocido por el verdadero autor, y más aún que se lo reclame formalmente. Y el plagio es un delito tipificado, por lo que como en ocasiones ha sucedido, el autor puede demandar al plagiario, al ladrón, ante tribunales, con las consecuencias del caso. Hechos conocidos de reclamos de plagio de derechos de autor en el mundo, abundan, algunos implicando dineros a gran escala en asuntos comercializados.

Haré referencia a dos casos (sin los nombres) de tesistas pasantes de licenciatura que presentaron tesis ajenas como propias y que por accidente, digamos, fueron a parar a maestros de jurados propietarios originales de esas tesis, copias íntegras, y por tanto teniendo por consecuencia la pérdida de derechos del estudiante plagiario.

Presento el caso de la doctora Sofía Reding, investigadora de la UNAM y conferenciante invitada a múltiples instituciones académicas de América Latina, que se encontró con que un antiguo alumno suyo, de licenciatura, le había plagiado tranquilamente textos suyos, y no una, sino ¡tres veces! (hasta donde la autora ha llegado a saberlo). El plagiario, de nombre Arturo Mota Rodríguez, (citar su nombre es legal, ya que presentó públicamente el texto plagiado en tres ocasiones en medios académicos diversos), utilizó textos de la doctora Reding sin darle crédito alguno. ¿Los temas plagiados? “Diversidad y democracia. Aportes de la hermenéutica analógica al diálogo intercultural” y «La analogía como mediación en el diálogo intercultural». Ambos de 2007.

Una vez en conocimiento de la autora, la misma presentó quejas y denuncias ante los medios académicos en donde se hicieron las presentaciones plagiadas por Mota Rodríguez, y ante el Sistema Nacional de Investigadores, y como él se enteró, intentó componer las cosas escribiéndole en WhatsApp diciendo a la doctora Reding que (cito): “… lamento mucho esta situación. No ha sido en ningún modo de mala fe…” y que “por supuesto que debí hacer la citación correcta de los fragmentos de tu trabajo intelectual”. Ya ha tenido la doctora Reding algunas respuestas a las quejas presentadas.

¡Por supuesto que debió citar las fuentes! Ahora bien, que un alumno de pregrado, o digamos de secundaria o preparatoria “olvide” citar fuentes en trabajos académicos puede considerarse un desconocimiento de lo que es el derecho de autor; se puede entender. Lo que no es aceptable, creíble, es que un doctorado académico y catedrático no haga las citas de autores de quienes toma texto. No a esas alturas de una carrera académica.

¿Por qué hacer pública esta información? Primeramente para proteger en lo debido los derechos de autor que se publicaron en diversos medios acreditados sin recato alguno como propios por el plagiario. ¿Qué las quejas a instituciones en donde se publicaron los plagios dañan la carrera académica de Mota Rodríguez? Sin duda, pero es el precio que en todos los casos de robo de derechos de autoría se paga (y en este caso sin denuncias penales). En el pecado va la penitencia. Es importante que quienes lean o escuchen (hay grabaciones) el texto plagiado a la doctora Reding sepan la verdad de su origen. Es asunto de justicia.

La otra razón es que debe servir de experiencia en cabeza ajena a quienes en el medio académico (en especial) decidan hacer suyos textos ajenos, que luego parece tan fácil. Sobre todo a alumnado de postgrado y catedráticos, en que ya se han presentado trabajos académicos y tesis profesionales de grado y en los que debieron haberse salvaguardados derechos de terceros autores. El plagio puede hasta llevar a la cárcel a plagiarios de derechos de autor e indemnizaciones en donde la legislación así lo prevea.

Como ya escribí hace tiempo en el caso de los textos plagiados incluidos en la tesis de Maestría del entonces presidente Peña Nieto: “Ojalá los actuales y futuros tesistas [agrego ahora catedráticos] aprendan una lección y tomen nota de que el plagio literario es cada vez más fácil de detectar. Si la Internet ayuda a localizar información, eso sirve tanto para hacer el “copy-and-paste” como para conocer los orígenes de los textos e ideas, y por tanto los posibles plagios.” Y ni hablar con la Inteligencia Artificial.

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