Impulsada por un núcleo de corporaciones y rechazada por el Presidente de EU, la presentación de Bad Bunny en el medio tiempo del Super Tazón LX actualiza el profundo desacuerdo que acerca de temas vitales divide a los norteamericanos. Esta divergencia propicia que compromisos externos de ese país posean un soporte débil y no cuenten con garantía de, por ejemplo, trascender a sus cambios gubernamentales. Siendo ello un problema general, en el caso de México agrega incertidumbre a un trato bilateral marcado por la necesidad, la conflictividad y el riesgo.
Han sido patentes las muestras de divergencia en EU acerca de la conveniencia de cifrar en la política arancelaria y en la coerción hacia otras Naciones la posibilidad de equilibrar su Economía y de que su moneda siga vertebrando el sistema financiero global. En cuanto a Migración, las expresiones de discordia amenazan su gobernabilidad: hay inestabilidad en las calles, así como fracturas entre el Gobierno Federal y gobiernos locales. En ciertas zonas de EU, la cooperación entre autoridades es un paciente enyesado que convalece bajo dieta de alimentos blandos pero del que no se sabe si volverá a caminar pronto.
En un momento marcado por el tránsito del mundo hacia un esquema multipolar, EU evidencia haber perdido un valor que sustentaba su fortaleza: la coincidencia interior acerca de en qué consistía su Seguridad Nacional y qué era necesario hacer para preservarla.
Existe hoy tensión entre la visión del establishment norteamericano, que sigue prefiriendo una estrategia de hegemonía sobre el mundo, y la perspectiva de la base social de la Presidencia de EU, que impulsa un esquema de dominación, bajo el cual no importa convencer al otro sino hacerlo consciente de que el dominador podría eliminarlo si así lo deseara.
Han surgido en ese contexto proyectos desesperados, como el de invadir territorio mexicano bajo el argumento de combatir al Narco. Este tipo de amagos contienen para México un riesgo lateral. Tras el despojo de una parte de nuestro territorio en el Siglo XIX, cada vez que EU evaluó intervenir en México lo contuvo en parte su propia convicción de que estimularía un sentimiento antinorteamericano aún prevaleciente. ¿Qué ocurriría si una débil respuesta social frente a las actuales amenazas mostrara que ese factor de disuasión no tiene ya la dimensión que se le atribuye?
En cuanto al tema de las Drogas, desde los 60´s EU prefirió la ambigüedad. Permitió que el consumo fuera socialmente aceptado, con la consiguiente omisión de responsabilidades en materia de salud pública. Por otro lado, impulsó el combate a las Drogas, pero no en las fases de consumo o distribución, sino en las de producción y tráfico, es decir aquellas que ocurrían fuera de su territorio. De esta manera, la violencia y la alteración de la vida pública que conlleva intentar combatir un negocio ilegal pero desquiciantemente lucrativo, se concentrarían en países como México, constituyendo un factor constante de inestabilidad para sus Sociedades y Gobiernos.
Estados Unidos ha ensayado recientemente en su territorio operaciones de decomiso y detención de empleados públicos coludidos con el Crimen Organizado. No existen indicios de que formen parte de una política estable.
Para México, como para otros socios de EU en diferentes materias, estos disensos al interior de lo que constituye la principal potencia en el Orden Mundial aún vigente, significan el reto de subsanar la ausencia de un ingrediente indispensable para la planeación política: la posibilidad racional de prever. De saber, acerca de la contraparte, qué quiere y hacia dónde va.
