El loco de Dios en el fin del mundo, de Javier Cercas (Penguin Random House Grupo Editorial, 2025), es un libro escrito por un consumado ateo para quienes que deseen reflexionar, a través de una novelada crónica, en torno al propósito actual de la iglesia católica, el ejercicio de la fe, su sencillez y complejidad, y, sobre todo, respecto a la figura del Papa Francisco quien falleció hace casi un año, el lunes 21 de abril de 2025, a las 7:35 de la mañana, a los 88 años de edad, en su apartamento en la Domus Santa Marta, en la Ciudad del Vaticano.
Meses antes del viaje que el Papa realizó a Mongolia en septiembre de 2023, Cercas recibió una llamada del Dicasterio para la Cultura y la Educación de la Santa Sede con la inesperada propuesta de acompañar a Francisco y escribir un libro sobre la gira. Una verdadera paradoja: el elegido era un ateo irredento, un anticlerical insobornable y un laicista convencido. Así se define él mismo.
Steve Jobs, el fundador de Apple, estaba convencido de que las ideas más simples era las más sofisticadas, hizo de esa convicción una profecía de marca. Cercas, prolífico y multi reconocido escritor español, aceptó el desafió del viaje usando como motor narrativo una pregunta simple, sencilla, que su mamá, una viuda devota y humilde católica de barrio quería hacer al Papa Francisco: ¿Cuándo muera podré reencontrarme de nuevo con mi esposo?
La pregunta, que llevará a ateos y practicantes de fe a buscar la respuesta a lo largo del texto, sencilla pero profundamente sofisticada, era en realidad una consulta sobre la resurrección de la carne, pilar teológico de la fe cristiana en todas sus denominaciones. La respuesta de Francisco fue del mismo calado que la duda, sencilla y sofisticada. El autor cuenta que llevó las palabras literales del Papa a su madre, quien las recibió tranquila y confiada en que obtendría esperanza, como católica de parroquia que vive el último tramo de su vida. En ese gesto —un hijo que atraviesa el mundo para indagar y llevarle a su madre una respuesta que él mismo no puede darle— hay más sentido literario que en muchas novelas de mayor ambición. El escepticismo del autor no estuvo al margen de la pregunta; al contrario, lo hizo más honesto.
Francisco: retrato de un hombre de facetas, virtudes y defectos
Uno de los logros del libro es el retrato de Jorge Bergoglio. El primer jesuita, el primer latinoamericano que llegó a ser Papa, Francisco, una persona “común y corriente”, cuenta Cercas, un sacerdote con perfil de cura de pueblo. Hijo de la teología de la liberación, pero no marxista, sino de la opción preferencial por lo pobres asumida por el concilio Vaticano segundo. El libro es una especie de testamento espiritual del Papa, hombre complejo y contradictorio, bonachón y modelo de buen pastor, pero también impulsivo y con algún ramalazo autoritario, que trabaja hasta la extenuación y quiere transformar la Iglesia.
Se presenta un Francisco anticlerical,porque el Clericalismo se convirtió para él en “el cáncer de la Iglesia” al colocarse en un escalón superior a sus fieles, cerca del poder político y económico, la Iglesia se desprendió del cristianismo original, que era por naturaleza subversivo, y cayó en el “constantitinismo”, la fusión con el estado, que terminó por alentar la perversión de la pompa y el exceso, de ahí los abusos sexuales que han llegado a convertirse en un mal estructural de la Iglesia Católica contemporánea. En su visión el sacerdote es y debe ser parte de los fieles, no está por encima de ellos. Los sacerdotes como pastores debían estar en medio, detrás y ser parte de su rebaño. Unidos al pueblo.
El mejor sacerdote era para Francisco, el misionero que va a donde la gente necesita ayuda, su misión espiritual no consiste en conquistar, menos aún en imponer su fe a otros, si alguien le sigue debe ser por su propia decisión y creencia, por eso Francisco va a Mongolia. Un anciano de 87 años que viaja al lugar más remoto del mundo no porque haya calculado un rédito geopolítico, sino porque cree genuinamente en algo, en ayudar y servir.
Por ahí puede explicarse también el relevo de Francisco, un amigo, su amigo, Robert Francis Prevost. Fue elegido su sucesor el 8 de mayo de 2025, León XIV vivió casi 30 años en Perú, donde fue obispo de la comunidad de Chiclayo, humilde región.
Las objeciones
Francisco no aceptó nunca ser de izquierda o de derecha. Ni siquiera se ocupó de aclarar ese dilema en que a menudo lo ubicaban desde fuera y, con mucho afán, dentro de la misma Iglesia Católica. Después de todo el evangelio dice que Jesús no vino a traer la paz, sino la espada. Cimentó su iglesia sobre un discípulo con virtudes y defectos, Pedro, que le negó tres veces, y al tocar fondo en su arrepentimiento, surgió más fuerte. Un pecador. Por eso el Papa pedía que rezaran por él, porque también como pecador se asumía, porque no era perfecto, decía. Humildad mata soberbia y arrogancia.
El Humor
Una faceta que llama mucho la atención del Papa Francisco era su reivindicación del sentido del humor como práctica fe. En su reflexión entendía que la religión era presentada casi por definición como ajena o enemiga del humor. Francisco por el contrario afirma en el libro: «El sentido del humor es la expresión humana que más se parece a la gracia divina.» Entendía la alegría y la ironía no como rasgos superficiales sino como parte central de su visión del Evangelio y de la vida cristiana.
Es uno de los rasgos más entrañables del Papa.
Cercas enlaza en esta suerte de novela sin ficción sus obsesiones íntimas con una de las preocupaciones fundamentales hoy en día: el papel en la vida humana, de lo espiritual y lo trascendente, ante el lugar en ella de la religión, la fe, y el ansia de inmortalidad. En un momento cultural dominado por la urgencia de lo inmediato, la información basada en la ignorancia, sustentada en las reacciones viscerales de millones de practicantes en las redes sociales, plantarse en esta posición no es poca cosa.
El loco de Dios en el fin del mundo es el libro de alguien que acepta hacerse preguntas para las que no tiene respuesta, y que tiene la honestidad —y la capacidad narrativa— de llevar a quien lo lee, de compañero de viaje sin ofrecerle falsas certezas, sino muchas, divertidas y entretenidas preguntas alentadas por la provocadora y profundamente humana presencia de Francisco.

