Cuando alguien es tratado como desecho, cuando nadie lo mira con humanidad, el desenlace difícilmente será luminoso.

Detrás de cada ser humano hay una historia que necesita ser escuchada.
¿Hasta qué punto puede una persona sobreponerse a las heridas de la infancia?
¿Hasta dónde puede rehacerse un hombre o una mujer cuando la pobreza, la discapacidad, la enfermedad mental o la ausencia de amor han erosionado su dignidad desde los primeros años?
¿Y qué sucede cuando el entorno jamás deja de ser hostil?
El neurólogo y psiquiatra Boris Cyrulnik, autor de “Los patitos feos” habla de la resiliencia como esa capacidad profunda que permite a un niño rescatar dentro de sí la fuerza necesaria para no sucumbir al desastre. Con frecuencia, esa fuerza despierta en el encuentro con un “ángel”: un amigo, un maestro, un tutor, alguien que lo sostiene en la caída y le recuerda su valor.
Pero no todos encuentran a ese ángel.
Por eso resulta tan inquietante la historia narrada en la película Joker, dirigida por Todd Phillips. Aunque es una ficción, retrata con crudeza realidades dolorosamente humanas: una infancia marcada por el abuso, una mente herida, una sociedad que invisibiliza y degrada.
Cuando alguien es tratado como desecho, cuando nadie lo mira con humanidad, el desenlace difícilmente será luminoso.
Detrás de cada rostro hay una biografía invisible.
Antes de juzgar, convendría escuchar.
El escritor espiritual Paul Ferrini afirma:
“Tu trabajo no es condenar, sino comprender y bendecir.
Tu trabajo es ver el miedo en los ojos de la gente y recordarles que son amados. ¿Por qué querrías golpear, quemar o excluir a quienes más amor necesitan?”
En la misma línea, Eckhart Tolle propone una reflexión poderosa:
“Cuando te veas tentado a juzgar a alguien, piensa: si su pasado fuera tu pasado, si su dolor fuera tu dolor y su nivel de conciencia fuera el tuyo, pensarías y actuarías exactamente igual.”
Comprender no es justificar; es humanizar.
Y cuando humanizamos, nace el perdón.
Cuando comprendemos, surge la compasión.
Y con ella, la posibilidad de paz.
El desafío es inmenso: construir una sociedad más justa, donde nadie tenga que arrastrarse en el lodo por falta de oportunidades. Donde el acompañamiento sustituya al desprecio. Donde la escucha preceda al juicio.
Tal vez el mundo sería distinto si recordáramos, cada día, que detrás de cada ser humano hay una historia que pide ser comprendida… y un corazón que aún espera ser mirado con compasión.

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