Juan Soriano no solo fue un artista plástico: fue un creador total que transitó con libertad entre la pintura, la escultura, el dibujo, el teatro y la literatura. Su obra, vasta y profundamente personal, rompió con los moldes del nacionalismo artístico dominante del siglo XX en México y abrió una ruta distinta, más íntima y universal, para el arte moderno mexicano.
Nacido en Guadalajara, Jalisco, en 1920, Soriano mostró desde niño una sensibilidad excepcional. A los 14 años ya exponía en la capital del país, en un entorno dominado por figuras monumentales como Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros. Sin embargo, a diferencia de ellos, Soriano nunca se sintió cómodo con el discurso político del muralismo. Su búsqueda era otra: el cuerpo, el mito, la poesía y la emoción.

Un artista fuera de etiquetas
Juan Soriano fue parte de la llamada Generación de la Ruptura, aunque él mismo evitaba las clasificaciones. Su obra dialoga con la tradición clásica, el arte europeo y la vanguardia, pero siempre desde una mirada profundamente personal. En sus pinturas aparecen figuras humanas, animales fantásticos, escenas oníricas y referencias literarias que revelan una constante exploración de la identidad y la belleza.
Su relación con escritores e intelectuales como Octavio Paz, Carlos Fuentes y Elena Garro fortaleció el carácter literario de su obra. Para Soriano, el arte no debía explicar la realidad, sino evocarla.
De la pintura al monumento
En las décadas finales de su vida, Soriano se volcó con fuerza a la escultura monumental, creando obras que hoy forman parte del paisaje urbano de varias ciudades del mundo. Piezas como “La Paloma”, “El Toro” o “La Luna” destacan por su aparente sencillez formal y su potencia simbólica.
Estas esculturas no imponen un mensaje; invitan a la contemplación. Son formas abiertas, amables, que dialogan con el espacio público sin estridencia, algo poco común en el arte monumental.

Libertad, cuerpo y disidencia
Juan Soriano también fue una figura clave en la visibilización de la diversidad sexual en el ámbito cultural mexicano. Vivió abiertamente su orientación en una época marcada por la censura y el conservadurismo, y su obra refleja una sensibilidad que desafía las normas de género y representación.
Su vida y su arte fueron actos de libertad. En palabras del propio Soriano, “el arte no sirve para nada práctico, y precisamente por eso es indispensable”.
Un legado vigente
Fallecido en 2006, Juan Soriano dejó una obra que sigue interpelando al presente. Museos, fundaciones y espacios públicos continúan revisitando su legado, no solo por su valor estético, sino por su postura ética frente al arte y la vida.
En un país donde el arte ha sido muchas veces instrumento ideológico, Soriano apostó por la emoción, la poesía y la duda. Su legado recuerda que crear también es resistir, y que la cultura encuentra su fuerza en la libertad de imaginar.


