El filósofo estóico Séneca utilizaba una metáfora cruda pero reveladora para explicar nuestra relación con la realidad: la metáfora del perro y la carreta .
Imagina un perro que está atado a una carreta en movimiento. El perro no puede detener la carreta ni cambiar su dirección, pero tiene dos formas de reaccionar ante este hecho inevitable:
La Resistencia: El perro se asusta, se planta firmemente en el suelo y lucha contra la cuerda. ¿Qué sucede? La carreta sigue avanzando y lo arrastra por el lodo. El perro sufre, se lastima y termina llegando al mismo lugar, pero cansado y herido.
La Aceptación: El perro comprende que la carreta se mueve. Decide caminar a su ritmo, explorar el borde del camino y avanzar con calma. El resultado es el mismo destino, pero el trayecto es tranquilo y bajo su propio control emocional.
He aquí la lección:
La «carreta» representa las circunstancias de la vida que no podemos controlar: el paso del tiempo, las decisiones de otros, el clima o la pérdida.
Si te resistes, la vida te arrastra. El sufrimiento no viene de la situación, sino de tu lucha contra ella.
Si aceptas, recuperas tu libertad. Aceptar no es rendirse; es elegir caminar con la cabeza alta en lugar de ser arrastrado por el suelo.
Como decía Séneca: «El destino guía a quien lo acepta y arrastra a quien lo resiste».
Te comparto esta reflexión:
Hoy, observa esa situación que te está causando estrés. ¿Estás plantando las pies en el suelo intentando frenar una carreta que ya se mueve? Quizás es momento de soltar la tensión y empezar a caminar.
Entonces ¿eres un perro arrastrado por las circunstancias de la vida o uno que aprendió a caminar con la cabeza en alto?
Hombres Estoicos

