El nuevo poder ya no necesita censura. Le basta con la distracción

El Estado de Nuevo León presume industria, innovación y carácter. Pero hoy, en el terreno cívico, padece algo más peligroso que la pobreza o la inseguridad: la ausencia de diálogo real. No hay debate público serio, no hay contraste de ideas, no hay discusión informada sobre las decisiones que marcan el presente y el futuro del Estado. Hay ruido, espectáculo y confrontación estéril. Y mientras tanto, el poder -Ejecutivo, a través del Gobernador, y Legislativo, a través de un grupo de legisladores manejados por partidos políticos- se administra a sí mismo, no importándole la sociedad.

Vivimos en la paradoja del siglo 21: nunca habíamos tenido tanta información disponible y nunca habíamos reflexionado tan poco. Bibliotecas completas caben en un teléfono, pero el debate público se reduce a consignas, memes y pleitos personalizados. El ciudadano informado fue sustituido por el espectador permanente. No es casualidad: es funcional.

En Nuevo León, la política dejó de ser un espacio de deliberación y se convirtió en una arena de marketing. El Gobierno comunica, pero no dialoga. El Congreso grita, pero no argumenta. Ambos parecen atrapados en una lógica infantil de poder: ganar la narrativa, controlar el reflector, imponer sin explicar. Nadie cuestiona a fondo, nadie analiza consecuencias, nadie propone alternativas con sustento técnico y visión de largo plazo. Y cuando alguien lo intenta, incomoda.

Como advertía la alemana Hannah Arendt, el mayor riesgo para la democracia no es la maldad consciente, sino la banalización del pensamiento. Un pueblo que no reflexiona es un pueblo fácil de manipular. Un pueblo que no cuestiona acepta decisiones mediocres como si fueran inevitables. Y un pueblo entretenido, saturado de escándalos, farándula y polémicas artificiales, deja de exigir rendición de cuentas.

El nuevo poder ya no necesita censura. Le basta con la distracción. No necesita quemar libros, porque casi nadie quiere leerlos. No necesita callar voces críticas, porque el algoritmo las ahoga entre tendencias triviales. En ese contexto, Nuevo León discute más sobre el personaje que sobre la política pública, más sobre la forma que sobre el fondo, más sobre quién gana que sobre quién pierde con cada decisión.

El resultado es un Estado sin conversación pública madura. ¿Dónde está el debate serio sobre movilidad, agua, energía, planeación urbana, educación o finanzas públicas? ¿Dónde están las comparaciones internacionales, los datos, los escenarios alternativos? ¿Dónde están los legisladores explicando el impacto real de sus votos en el Congreso local? El silencio no es ignorancia: es comodidad. Y la comodidad es el mejor aliado del abuso de poder.

Autores contemporáneos como el filósofo coreano Byung-Chul Han advierten que la sociedad del rendimiento y del espectáculo elimina la pausa necesaria para pensar. Todo debe ser inmediato, emocional, viral. Pensar estorba. Analizar retrasa. Cuestionar incomoda. Por eso se premia lo simple, lo repetitivo, lo que no exige esfuerzo intelectual. Lo mismo en la cultura que en la política.

Pero Nuevo León puede y debe aspirar a más. La salida no está en un nuevo caudillo ni en una narrativa más agresiva, sino en reconstruir el diálogo público. Necesitamos ciudadanos que lean, pregunten y comparen. Medios que incomoden al poder, no que lo amplifiquen. Universidades que salgan del aula y entren al debate público. Empresarios que entiendan que sin instituciones sólidas no hay competitividad sostenible. Y políticos que acepten que gobernar no es dominar, sino explicar, escuchar y corregir.

La ignorancia del pasado era inocente. La de hoy es elegida. Y cada día que Nuevo León renuncia al pensamiento crítico, entrega un poco más su futuro. El verdadero problema no es quién gobierna, sino que casi nadie esté dispuesto a discutir cómo y para quién se gobierna.

Sin diálogo, no hay democracia. Solo administración del poder. Y eso, para un Estado que se dice líder en todo, es el mayor retroceso.

vidalgarza@yahoo.com

Publicado en EL NORTE sábado 14 de febrero 2026

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