El pasado 7 de noviembre en el Diario Oficial de la Federación se publicó el decreto que reforma, adiciona y deroga diversas disposiciones de la Ley de Ingresos de la Federación para el Ejercicio Fiscal 2026, el Código Fiscal de la Federación, Ley del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios, Ley Federal de Derechos, etc.
Así, el Paquete Económico 2026 dejó de ser una promesa legislativa para convertirse en una realidad jurídica. Y como toda realidad fiscal en México, llegó con su dosis de creatividad normativa, ambigüedad conceptual y fervor recaudatorio.
La narrativa oficial insiste en que no se crearon nuevos impuestos. Solo se “ajustaron” los existentes. Por lo que respecta al IEPS a bebidas saborizadas se aprobaron cuotas diferenciadas si contienen azúcares o edulcorantes añadidos, con respecto a el tabaco se aprobó incremento de cuotas y tasas, creación de cuotas progresivas hasta 2030. Porque en este país, incluso dejar de fumar es un privilegio fiscal.
Pero la joya del paquete es el nuevo impuesto del 8% a los videojuegos “violentos”. ¿Qué se entiende por “violento”? Eso lo decidirá la Secretaría de Gobernación. Porque si algo inspira certeza jurídica es que una autoridad administrativa defina, caso por caso, qué juego es apto para la moral tributaria nacional.
Desde el punto de vista constitucional, el decreto publicado plantea serias dudas sobre el principio de legalidad, la proporcionalidad tributaria y la reserva de ley. ¿Puede el legislador delegar a una secretaría la facultad de definir el objeto del tributo? ¿Dónde quedó la certeza jurídica? ¿Y qué pasa con el derecho al consumo informado, cuando el Estado decide por nosotros qué es apto y qué no?
El decreto entra en vigor el 1 de enero de 2026. Así que prepárese: si usted juega, fuma, toma refresco o simplemente respira con culpa fiscal, el próximo año será largo.
Pero no todo está perdido. Tal vez el próximo paquete incluya un impuesto al sarcasmo. En ese caso, esta columna sería incosteable.
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