en el Club Campestre, el césped tiene un verde único. No le pertenece a este ecosistema de matorrales y concreto.

Sobre la Sierra Madre, la luz comienza a lamer las crestas de piedra caliza, pero aquí abajo, en el Club Campestre, el césped tiene un verde único. No le pertenece a este ecosistema de matorrales y concreto. Es verde artificial, mantenido por miles de litros de agua que le faltan a las colonias de la periferia.

Los carritos eléctricos zumban como insectos blancos. A bordo van ellos: los dueños del estado, los herederos de las chimeneas, los nuevos ricos que ayer vendían autopartes y hoy compran voluntades en la Ciudad de México. Hoy no hay juntas de consejo. Hoy no hay reportes trimestrales. Hoy es el torneo anual.

Desde la barrera invisible del privilegio. Ahí están, con sus pantalones de lino y sus gorras con logos de bancos suizos. Se saludan con abrazos estruendosos, con esa risa de quien sabe de la ley como sugerencia para los que no tienen su apellido.

El Regreso a la Infancia Dorada

Es fascinante y aterrador ver a un hombre que decide el destino de diez mil empleados comportarse como un niño de seis años. Se pelean por quién empieza el tee de salida. Gritan por un putt fallido. Hacen trampas infantiles, moviendo la pelota con la punta del zapato cuando creen que nadie los ve.

Son felices. Juegan a ser conquistadores de un territorio de 18 hoyos. Pero esa felicidad no es inocente. Es la alegría de la impunidad absoluta. Mientras ellos se ríen y apuestan relojes que valen más que una casa en Escobedo, el país se desangra. Pero aquí, en el refugio de San Pedro, el aire huele a loción cara y a pasto recién cortado.

El Altar del Valle Alto

Si el Campestre es el linaje, Valle Alto es el músculo. En este otro campo, incrustado en la montaña, el torneo continúa. Aquí el perfil cambia ligeramente. Ya no solo son los apellidos de alcurnia. Aquí se mezclan los «empresarios emergentes».

El dinero cambia de manos. Aquí, entre el hoyo 9 y el 10, se cierran las licitaciones de la obra pública. «Oye, compadre, mi constructora ya tiene la maquinaria, nada más falta que tu primo en la Secretaría me firme el permiso». Un brindis con whisky de 18 años y el trato está hecho. El golf es el lubricante social de la corrupción.

La Sangre que se Vuelve Tinta (y Dinero)

Pero hay algo más oscuro bajo las raíces del fairway. El dinero que fluye no siempre viene del acero o del cemento.

El capital del narcotráfico se ha filtrado en las arterias de la economía formal. Los empresarios, esos que juegan como niños, han aprendido a no hacer preguntas. El dinero llega en maletas, se convierte en edificios de departamentos en la zona de Santa María, se transforma en plazas comerciales en Cumbres, y finalmente se blanquea en las cuentas de empresas que cotizan en bolsa.

Nuevo León se ha convertido en el gran lavadero del mundo. El dinero sucio de los cárteles entra por la frontera, se pasea por San Pedro Garza García y sale limpio, con aroma a civilización, hacia cuentas en Delaware o las Islas Caimán. Y todo se pacta aquí, donde nadie escucha, entre el sonido de un palo de golf golpeando una bola Titleist.

La Geometría del Poder

Los políticos intentan parecer empresarios y de los criminales de cuello blanco intentan simular ciudadanos ejemplares.

«Son los mismos», «El que firma el cheque, el que cuida la frontera y el que ordena la ejecución. Todos comparten el mismo caddie. Todos usan el mismo baño de mármol».

El Final de la Partida

Al caer la tarde, el torneo termina. Hay trofeos de plata y discursos sobre la «excelencia regiomontana». Los empresarios están agotados de tanta felicidad. Se retiran en sus camionetas blindadas, escoltados por hombres con armas largas. Parecen fuera de lugar en este paraíso, pero son el recordatorio necesario del orden se mantiene con plomo.

Mientras tanto, en las redacciones y en las calles de la ciudad real, el golf en Monterrey no es un deporte; es el simulacro de una paz que se compra con la sangre de otros. Es el lugar donde los lobos se visten de niños para no tener que mirar el desastre que han construido fuera de las puertas del club.

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