Monterrey, Nuevo León. — En el marco del Día de la Nutrióloga y el Nutriólogo, la Secretaría de Salud de Nuevo León graduó a 68 profesionales de la salud del Diplomado de Nutrición y Salud Pública: Detección, prevención y atención del sobrepeso y obesidad en las diferentes etapas de la vida, una acción que busca fortalecer la atención médica frente a uno de los problemas más graves de salud pública en el estado y el país.
El diplomado reunió a personal de medicina, enfermería, nutrición, psicología y activación física de centros y hospitales estatales, con el objetivo de mejorar las capacidades institucionales para atender el sobrepeso y la obesidad. Sin embargo, la dimensión del problema plantea una pregunta de fondo: ¿es suficiente la capacitación del personal cuando las cifras siguen en aumento?
Durante el evento, la secretaria de Salud, Alma Rosa Marroquín Escamilla, reconoció que el combate a estos padecimientos es complejo, ya que implica cambios profundos en los hábitos de la población, desde la lactancia materna hasta los estilos de vida marcados por el sedentarismo y el uso excesivo de pantallas. Su mensaje, aunque realista, también evidencia que los resultados de estas políticas no serán inmediatos, en un contexto donde la urgencia sanitaria es ya una realidad.
Los datos nacionales refuerzan esta preocupación. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) Continua 2023, el 75 % de los adultos en México vive con exceso de peso, mientras que la obesidad afecta al 26.5 % de los escolares y al 40.4 % de los adolescentes. Estas cifras no solo reflejan un problema médico, sino el fracaso histórico de políticas públicas enfocadas en la prevención, la regulación del entorno alimentario y la promoción efectiva de la actividad física.
Si bien la capacitación del personal de salud es indispensable, especialistas han advertido que no basta con fortalecer la atención clínica si no se acompaña de acciones estructurales: regulación más estricta de alimentos ultraprocesados, entornos escolares saludables, espacios públicos seguros para la actividad física y políticas que reduzcan la desigualdad social, uno de los principales factores asociados a la mala nutrición.
En este contexto, el diplomado representa un paso positivo, pero limitado frente a la magnitud del problema. La formación de 68 profesionales contrasta con una población estatal de millones de habitantes que enfrenta diariamente un entorno obesogénico. Sin una estrategia integral y sostenida, estos esfuerzos corren el riesgo de quedarse en el ámbito institucional sin generar un impacto real en la salud de la comunidad.
La conmemoración del Día de la Nutrióloga y el Nutriólogo pone sobre la mesa el papel clave de estos profesionales, pero también deja en evidencia una deuda pendiente del Estado: pasar del discurso preventivo a políticas públicas contundentes que frenen una epidemia que ya compromete el futuro de las nuevas generaciones.

