Monterrey, Nuevo León — En la entrada principal del Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO), una figura imponente de bronce recibe cada día a visitantes, paseantes y amantes del arte: “La Paloma”, la emblemática escultura del pintor y escultor mexicano Juan Soriano (1920–2006).
La obra, una escultura de bronce de aproximadamente seis metros de altura y cuatro toneladas de peso, se ha convertido no solo en una pieza icónica del museo sino también en un símbolo del paisaje cultural urbano de Monterrey.
Creada entre finales de los años 80 y principios de los 90 por Soriano, La Paloma fue pensada para dialogar con los habitantes de la ciudad y los visitantes del centro histórico. Inspirada en las palomas que pueblan las plazas y calles, la obra va más allá de la simple representación: encapsula un estilo lírico y orgánico que caracteriza la producción escultórica del artista.
La figura, con su cuello ligeramente inclinado hacia el frente, sugiere una presencia contemplativa y serena, y desde su inauguración se ha convertido en un punto de encuentro habitual en la zona del museo.
Además de su valor estético, La Paloma ha sido parte de iniciativas culturales en la ciudad. En distintas fechas ha sido intervenida simbólicamente para conmemorar causas y efemérides, como el Día del Peatón, cuando se le colocaron tenis de colores, o manifestaciones de solidaridad con comunidades diversas, transformando la pieza en un lienzo público de expresión social.
Instalada en un entorno que combina arte y vida urbana, La Paloma no solo invita a la contemplación de la obra de Soriano, sino que también posiciona al MARCO como un espacio vivo dentro del circuito cultural de Monterrey y del noreste mexicano.

