El gesto, cargado de simbolismo, fue interpretado como un mensaje de esperanza para las infancias latinas, aunque una confusión viral lo vinculó erróneamente con un caso migratorio.
Durante el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl 2026, Bad Bunny protagonizó uno de los momentos más comentados de la noche al entregar simbólicamente un Grammy a un niño en escena. La imagen, transmitida ante millones de espectadores, se volvió viral de inmediato y abrió un intenso debate sobre su significado y las lecturas sociales que provocó.
El gesto ocurrió en un segmento narrativo del show en el que el artista puertorriqueño, Benito Antonio Martínez Ocasio, aparece con el trofeo y lo coloca en manos de un menor que lo observa con asombro. Posteriormente se confirmó que el niño es un actor infantil que representa una versión del propio Bad Bunny en su infancia, una metáfora del sueño cumplido y del camino recorrido desde sus orígenes hasta el máximo escaparate del entretenimiento global.
La escena fue leída por muchos como un mensaje de esperanza y representación, especialmente para las infancias latinas. En redes sociales, usuarios destacaron que el acto simboliza la posibilidad de alcanzar el éxito sin renunciar a la identidad, reforzado por el hecho de que el artista interpretó gran parte de su repertorio en español durante un evento históricamente dominado por el inglés.
Sin embargo, la imagen también generó una ola de confusión. En las horas posteriores al show, se difundió la versión de que el niño era un menor vinculado a un caso reciente de detención migratoria, lo que dotó al gesto de una carga política no confirmada. La información fue desmentida más tarde, aclarando que no existe relación alguna entre el actor del espectáculo y dicho caso.
Aun así, el episodio evidenció cómo los símbolos en eventos masivos pueden ser reinterpretados por la audiencia y amplificados por las redes sociales, donde las narrativas emocionales se propagan con rapidez. Para algunos, la confusión no restó fuerza al mensaje; por el contrario, confirmó la capacidad del arte pop para activar conversaciones sociales en tiempo real.
Con esta escena, Bad Bunny volvió a demostrar que su presencia trasciende lo musical: en el escenario más visto del mundo, una imagen bastó para generar emoción, debate y reflexión sobre identidad, sueños y representación cultural.

