El espectáculo de medio tiempo del Super Bowl ha sido, durante décadas, un termómetro cultural de Estados Unidos. Sin embargo, solo algunos artistas han logrado trascender el entretenimiento y convertir su actuación en un acto simbólico. En esa liga se inscribe hoy Bad Bunny, junto a nombres como Prince, Beyoncé, Shakira y Jennifer Lopez.
Bad Bunny vs. Prince (2007): identidad frente a mito
Prince convirtió el Super Bowl en una experiencia casi mística: lluvia, guitarra y perfección musical. Su show fue individualista, centrado en el genio artístico y la épica personal.
Bad Bunny, en contraste, apostó por lo colectivo. Donde Prince fue mito solitario, Bad Bunny fue voz comunitaria. Su baile, sus músicos y bailarines representaron al barrio, a la diáspora, al cuerpo como territorio político. No buscó la perfección técnica, sino la identificación cultural.
👉 Diferencia clave: Prince elevó la música; Bad Bunny elevó la cultura.
Bad Bunny vs. Beyoncé (2013 / 2016): política explícita vs. política simbólica
Beyoncé llevó al Super Bowl una narrativa clara de empoderamiento negro y feminista, con referencias directas al movimiento Black Lives Matter. Fue un show político en su forma más directa.
Bad Bunny eligió una estrategia distinta: la normalización. Cantar en español, perrear, usar símbolos puertorriqueños y llenar el estadio de ritmos caribeños sin pedir permiso fue su acto político. No gritó consignas; ocupó el espacio.
👉 Diferencia clave: Beyoncé confrontó; Bad Bunny desplazó el centro cultural.

Bad Bunny vs. Shakira y J.Lo (2020): celebración compartida vs. liderazgo total
El show de Shakira y Jennifer Lopez marcó un antes y un después al posicionar la cultura latina como fuerza global, pero aún bajo el esquema del “crossover”: inglés y español, guiños al público anglo y estructuras pop tradicionales.
Bad Bunny fue un paso más allá: no tradujo su cultura, no la suavizó. El baile urbano, el perreo y la estética caribeña no se adaptaron al Super Bowl; el Super Bowl se adaptó a ellos.
👉 Diferencia clave: Shakira y J.Lo abrieron la puerta; Bad Bunny cruzó el umbral y se quedó.

El baile: del espectáculo a la identidad
En otros halftime shows, el baile suele ser complemento visual. En el de Bad Bunny, el baile fue lenguaje central:
- El perreo funcionó como afirmación del cuerpo latino.
- Las coreografías colectivas simbolizaron comunidad y resistencia.
- El movimiento sustituyó al discurso: bailar fue el mensaje.
Esto lo acerca más a rituales culturales que a conciertos tradicionales, algo poco común en la historia del Super Bowl.
Los artistas invitados: cameos vs. puentes culturales
Mientras otros shows usan invitados para sumar fama, Bad Bunny los usó como puentes simbólicos:
- Ricky Martin representó la primera gran ola latina global.
- Lady Gaga encarnó el diálogo intercultural, no la dominación anglo.
- Los bailarines y músicos anónimos fueron tan importantes como las estrellas, reforzando la idea de colectividad.
Conclusión
Bad Bunny logró algo poderoso: es decir ser el espectáculo más representativo de su tiempo.
Si Prince fue la perfección musical y Beyoncé la confrontación política, Bad Bunny fue la redefinición cultural del centro. Demostró que el baile, la lengua y la identidad latina ya no son invitados especiales en la cultura global: son protagonistas.

